Juan Ruiz de Alarcón: el gran dramaturgo

“Contigo hablo, bestia fiera, que con la nobleza no es menester, que ella se dicta más que yo sabría. Allá van esas comedias: trátalas como sueles, no como es justo, sino como es gusto, que ellas te miran con desprecio y sin temor, como las que pasaron ya el peligro de tus silbos y ahora pueden solo pasar el de tus rincones. Si te desagradaren, me holgaré de saber que son buenas, y si no, me vengará de saber que no lo son el dinero que te han de costar”. Juan Ruiz de Alarcón, 1622.

Vicente Leñero: el oficio de la palabra

Guadalajara, Jalisco, fue la ciudad que “por accidente” vio nacer a Vicente Leñero el 9 de junio de 1933. Estudió ingeniería civil en la Universidad Nacional Autónoma de México, pero en cuanto se graduó, en 1959, guardó en un cajón su flamante título de ingeniero y se inscribió en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García. Sus principales maestros fueron Rodolfo Usigli, Ramón Xirau y Juan José Arreola. “Quiero ser aceptado, padre, me acuso. Quiero ser escritor, señor Faulkner, perdóneme”, escribió a los treinta y tres años en una autobiografía. Muchos años después reconocería: “Soy un hombre que descubrió el oficio de las palabras en lugar del oficio de la ingeniería. Y que descubrió el oficio de la palabra se puede enfocar a todo lo que necesita de ella: radionovela, telenovela, cine, teatro, cuento, novela, periodismo… Ya no hay más”.

Scherer y Leñero

A finales de 1971, Leñero decía querer dejar el periodismo. Cada cierto tiempo tenía la inquietud de abandonarlo para dedicarse a otro género, pero su idea se borró ante la llamada de Miguel Ángel Granados Chapa, quien lo buscó, a nombre de Julio Scherer para ofrecerle la dirección de la Revista de Revistas. Aceptó. Dirigía la revista y escribía un artículo semanal para las páginas editoriales de Excélsior.

Fernando del Paso

“Escribir me angustia terriblemente, me cuesta un trabajo espantoso… Escribir es todo un trauma, debo estar aislado, me pongo de mal humor y tomo mucho café antes de decidirme a hacerlo”, así lo dijo en alguna ocasión Fernando del Paso, premio Cervantes de Literatura 2015. Y sin embargo, su trayectoria en las letras abarca la novela, el cuento, la poesía, el teatro y el ensayo.

Jorge Ibargüengoitia: un recuerdo de Usigli

“Rodolfo Usigli fue mi maestro, a él debo en parte ser escritor y por su culpa, en parte, fui escritor de teatro 10 años” -recordaba con nostalgia Jorge Ibargüengoitia en su ensayo Recuerdo de Rodolfo Usigli, publicado en Vuelta en 1979, tras la muerte del dramaturgo-.

Huberto Batis: maestro de maestros

“Maestro de maestros” así es calificado Huberto Batis, editor, escritor, crítico, ensayista y catedrático, formador de toda una generación de escritores que encontraron el camino de las letras bajo su ojo de editor cuando dirigía el suplemento Sábado del periódico Unomásuno.

Poesía y palabra, voz exacta de Paz

“En la época en la que yo lo conocí se reía mucho, se vestía muy mal. Como era delgadito le sobraba un cacho de cinturón. Tenía un diente un poquito encimado de otro -ya luego se puso todo perfecto-. Tenía el pelo muy bien plantado… eso en lo físico, pero también era un hombre muy alerta, muy inquisitivo y cálido…”, así recuerda Elena Poniatowska al joven Octavio.

Premio Nobel de Literatura: Octavio Paz (1990)

"El Nobel no es un pasaporte a la inmortalidad. La relativa inmortalidad de las obras literarias y artísticas la da la calidad." Octavio Paz, 12 de octubre de 1990.

Miguel León Portilla, un sabio en el siglo XXI

En el 2011, un diario español le preguntó al maestro Miguel León Portilla: “¿Se ha reconciliado México con su pasado?” A lo que contestó: “Un poco sí. Los libros de texto son más objetivos. Dan entrada a Vasco de Quiroga y a fray Bernardino de Sahagún. Y aunque no exaltan a Hernán Cortés, ya no lo pintan como el villano. Varios estudios, han roto con el mito de que el mexicano es el fruto de una violación. Los registros demuestran que muchos españoles llevaron a sus mujeres, y muchos otros se casaron con indígenas y formaron familias. O sea, que no somos hijos de la chingada. Si un mexicano odia lo español, se está odiando a sí mismo. Es una actitud autodestructiva”.

Hugo Gutiérrez Vega: el poeta

La poesía era su pasión, el motor de su vasta obra, pero a lo largo de su vida transitó por varias actividades profesionales: fue abogado, escritor, actor, catedrático, diplomático y académico. Hugo Gutiérrez Vega nació en Guadalajara el 20 de febrero de 1934 y falleció apenas el 25 de septiembre del 2015.

Cuentistas en la literatura mexicana

Autores mexicanos que han visto el género del cuento como un medio indispensable para expresar ciertos temas, personajes o contextos. Buena parte de la obra que pertenece al género de cuento mexicano está vinculado a medios de comunicación masiva, como el cine, la televisión, el radio o el cómic.

El chiapaneco universal

“Quien dice verdá tiene la boca fresca como si masticara hojitas de hierbabuena, y tiene los dientes limpios, blancos, porque no hay lodo en su corazón”, dice el viejo Tata Juan, al inició del cuento “Quien dice verdad” (1959), escrito por Eraclio Zepeda.

El otro Arreola

Nació en 1918, un México asolado por los últimos años de la revolución mexicana y creció entre el caos de otra rebelión: la cristera. Su lugar de nacimiento se encontraba en el epicentro del conflicto: Zapotlán, Jalisco.

Cien años de Adolfo Sánchez Vázquez

En febrero de 1939, Adolfo Sánchez Vázquez, entonces un joven de 24 años se embarcó con destino a México a bordo del buque Sinaia.

Mariano Azuela: El doctor de los de abajo

“Azuela es el Chéjov mexicano en cuanto es doctor. En todo lo demás se acerca a Gorki, con un toque del terrorífico pesimismo de Gorki, pero nada del optimismo revolucionario de Gorki…”, así describía Salvador Novo a Mariano Azuela, en la reseña que realizó con motivo de la publicación de Los de abajo en Nueva York, en una edición ilustrada por José Clemente Orozco y cuyo título se tradujo como The Underdogs.

Crónicas de Salvador Novo

El libro Las locas, el sexo, los burdeles y otros ensayos vio la luz gracias a la pluma de Salvador Novo en 1972, en él, el cronista de la ciudad aborda los contrastes de la locura y la inquisición, el maíz y la carne, el taco y el sándwich, los médicos y los curanderos, la decadencia del género epistolar y las propuestas teatrales de la época...