Visiones de Rosario Castellanos

Literatura - Personajes

Rosario Castellanos, nació en la Ciudad de México, el 25 de mayo de 1925, y murió, 49 años después, el 7 de agosto de 1974 en Tel Aviv.

            Estudió la licenciatura y la maestría en Filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México. Ensayista, novelista, dramaturga, poeta, mujer que escribía para demostrar su existencia, el proyectar de su sombra y su peso en la balanza; para que su nombre no fuera olvidado.

            Su obra tuvo, en todos los géneros, la vocación de cuestionar los roles, los valores, la tradición, la desigualdad, el prototipo de la imagen femenina. Buscó genuinamente el reconocimiento de la mujer en el mundo.

            En su aniversario luctuoso, recordamos a Rosario a través de algunas de sus frases, un recuerdo de su visión llena de feminismo e ironía.

“La mujer ha sido más que un fenómeno de la naturaleza, más que un componente de la sociedad, más que una criatura humana, un mito”.

“No niego el papel importante que la biología juega en la constitución del ser humano, pero me niego a aceptar que las glándulas determinen un destino”.

“Pero si es necesaria una definición / para el papel de identidad, apunte / que soy mujer de buenas intenciones / y que he pavimentado / un camino directo y fácil al infierno”.

“Nos sentamos a esperar pasivamente que un hombre vuelva sus ojos hasta el rincón que nuestra modestia nos depara y descubra las cualidades maravillosas que nos adornan. Lo demás está previsto y sujeto a reglas bastante rigurosas. Los pasos progresivos de la aproximación del macho, nuestra esquivez convencional, nuestro disimulo del terror de perder esa oportunidad, porque nadie nos ha garantizado que se presentará otra”.

“Muy pronto descubrí que en la misma condición se encontraban todas las otras mujeres a las que conocía: solas solteras, solas casadas, solas madres. Solas en un pueblo que no mantenía contacto con los demás. Solas, soportando unas costumbres muy rígidas…”.

“No basta adaptarnos a una sociedad que cambia en la superficie y permanece idéntica en la raíz. No basta imitar los modelos que se nos proponen y que son las respuestas a otras circunstancias diferentes de las nuestras. No basta siquiera descubrir lo que somos. Hay que inventarnos”.

“El sentido de la palabra es su destinatario: el otro que escucha, que atiende y que, cuando responde, convierte a su interlocutor en el que escucha y el que entiende, estableciendo así la relación del diálogo que solo es posible entre quienes se consideran y se tratan como iguales y que solo es fructífero entre quienes se quieren libres”.

“ [Escribo] porque alguien / (cuando yo era pequeña) / dijo que la gente como yo no existe./ Porque su cuerpo no proyecta sombra, / porque no arroja peso en la balanza, / porque su nombre es de los que se olvidan”.