Vera Caslavska: la novia de México

La estabilidad - Vida Cotidiana

Desde finales de julio, en casi todos los establecimientos se sintonizó el mismo evento: en bancos, bares, gimnasios, tiendas departamentales, tienditas de la esquina o cualquier lugar que disponía de una televisión o radio se veía la emoción de la gente por los Juegos Olímpicos Londres 2012.

Pero no nos engañemos, no sólo estábamos esperando medallas para México o ver nuevos récords; como no queriendo, nos deleitamos con la fabulosa anatomía de los atletas -que por cierto, me pregunto si para Londres 2012 era un requisito tener una cara bonita-. Unos soñaban con Sharapova o Isinbayeva, otras con Phelps, Camille Lacourt o el boxeador Clemente Russo que más que sólo atletas, parecen modelos… ¿a dónde quería llegar con esto? Ah sí, las Olimpiadas…

Sin embargo y pese a quien le pese, la única atleta que en verdad ha llevado el título de ""novia de México"" ha sido la gimnasta checa Vera Caslavska. En México ’68 hizo sus méritos para ganarse el corazón no sólo de los 15 mil asistentes que se encontraban en el Auditorio Nacional, sino de todos los mexicanos al tener como fondo musical en el ejercicio de manos libres el ""Jarabe tapatío"" y ""Allá en el rancho grande"".

Caslavska continuó dejando con la boca abierta a los mexicanos e hizo una promesa con el atleta Josef Odlozil: si ella mantenía su título de ser la única en haber ganado oro en todas las pruebas de gimnasia -ganado en Tokio ’64- y él llegaba a las finales en 1500 metros, se casarían en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México. Ambos cumplieron la promesa y ante 100 mil personas, los deportistas contrajeron nupcias.

Estos logros también significaron mucho para los checos, pues semanas antes de que dieran inició las olimpiadas en México, Checoslovaquia fue invadida por soviéticos para abatir las reformas democráticas de la Primavera de Praga y Vera asumió un importante compromiso para su país al firmar un documento en apoyo a dichas reformas. Y de la mano venía otro compromiso, que era triunfar y alentar a su patria que estaba ocupada por la Unión Soviética. Esa doble emoción se hizo reflejar en sus ojos repletos de lágrimas al escuchar el Kde domov m?j (""¿Dónde está mi casa?"") -himno nacional checo- en cuatro ocasiones en el Auditorio.

Regresó triunfante a Checoslovaquia y les regaló cuatro réplicas de sus medallas de oro a los principales líderes del movimiento democratizador. Las cosas comenzaron a ponerse difíciles en 1969 cuando las autoridades comunistas le exigieron retirar su firma del manifiesto del que había sido partícipe un año antes. Fiel a su ideología, se negó a hacerlo y se le pusieron trabas para que no avanzara en su vida profesional.

Durante cinco años no le dieron trabajo, lo que la llevó a ser entrenadora clandestina de gimnastas adolescentes. Escondiéndose para dar clases, era entonces un talento que no se explotaba al cien por ciento y en México, el presidente López Portillo solicitó de manera oficial al gobierno checo, que Caslavska fuera entrenadora de los gimnastas mexicanos. El permiso se otorgó con la condición de que México vendiera petróleo a Checoslovaquia y gracias a este intercambio de ""gimnasta-oro negro"", la novia de México y su esposo se establecieron en estas tierras de 1979 a 1981. Tuvieron éxito como entrenadores y ella tuvo su propio programa televisivo: ""Haga gimnasia con Vera"".

El país que vio casarse a estos atletas, los vio también divorciarse. Él se volvió a casar, ella sólo se dedicó a sus hijos Martin y Radka. En noviembre de 1989, tras la Revolución de Terciopelo -en la que de manera pacífica el partido comunista perdió el monopolio en Checoslovaquia- Vera regresó a su país tras veinte años de marginación.

A pesar de que tuvo cargos importantes dentro del deporte en su país y después en el Comité Olímpico Internacional, las secuelas de una tragedia familiar la hicieron renunciar a todo. Su hijo y su ex esposo tuvieron una riña en la cual Martin empujo a su padre, que cayó pegándose en la cabeza y a causa del golpe, murió días después.

Se retiró de la vida pública a principios de 2000, pero eso no fue motivo para que en los festejos del Bicentenario, la ""novia de México"" visitara el país de nuevo y volviera a los lugares que dejaron marcada su vida para siempre: la villa olímpica y el Auditorio Nacional.

 

 

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