Vasallos o ciudadanos

La estabilidad - Hechos

La sociedad mexicana ha sido tradicionalmente veleidosa y comodina. Los grandes movimientos sociales de nuestra historia -como generalmente son definidas la independencia, la reforma y la revolución- tuvieron un impacto real sobre toda la población pero en ellos sólo se involucró una pequeña porción de la sociedad. Más que protagonista, la sociedad se encuentra a gusto desde las gradas del espectador.

La sociedad que emergió de la revolución mexicana se rindió al ""canto de la sirenas"" de la paz social, de la estabilidad, del crecimiento económico, de las obras públicas anunciadas entre bombos y platillos, de la industrialización, de la educación gratuita, de la seguridad social -logros nada despreciables para un país que dejaba atrás el caos- pero que estaban cimentados sobre un entramado de autoritarismo, impunidad y corrupción cada vez mayor, construido por el régimen surgido de la revolución.

Como en el porfiriato, la paz fue una condición para que el sistema político en el siglo XX pudiera garantizar su éxito y para que la sociedad se entregara sin reparos a sus mecanismos de control, cediendo una vez más, de manera voluntaria, sus derechos políticos. Durante el siglo pasado, la sociedad mexicana legitimó al sistema al participar de la ficción democrática y asimiló todos los vicios de la cultura política -presentes en la actualidad- para hacerlos parte de su vida cotidiana.

Bajo la sombra del autoritarismo, la gente asumió convenientemente el papel de vasallos antes que asumirse como ciudadanos. Rehuyó a sus responsabilidades cívicas y entregó sus derechos políticos. Durante años, la mayor parte de la sociedad desestimó la alternativa de comportarse como ciudadanos y aceptó, simuló y apoyó con indiferencia las acciones del gobierno, hasta que el sistema comenzó a fracturarse desde finales de la década de 1960 -con la represión sobre los estudiantes que sacudió la conciencia de la clase media- y llevó a los mexicanos a padecer un largo periodo de crisis cíclicas que arruinaron económicamente al país.

Pero si bien, una parte de la sociedad cedió voluntariamente sus derechos políticos ante la era de paz y estabilidad que se abría, el sistema condujo obligatoriamente al vasallaje a amplios sectores de la población a través del corporativismo.

Obreros, campesinos, maestros, mineros, petroleros, electricistas y burócratas, fueron sometidos al sistema clientelar, con el que el partido oficial garantizó su triunfo en todas las elecciones y además, el control político para evitar el surgimiento de grupos disidentes. El sistema les arrebató su individualidad a los trabajadores y los convirtió en ""masas"", donde no cabía el ciudadano libre e independiente. Esta figura, casi extraña, encontraría su lugar a finales del siglo XX cuando el voto recuperó su valor.