Una mirada al Congreso

La estabilidad - Hechos

Si la historia del Poder Legislativo fuera diferente, el hecho de que en 1868, el Congreso hubiese dejado su recinto en Palacio Nacional para sesionar por unos meses en la sede del famoso circo Chiarini de la calle de Gante -en el espacio que durante siglos formó parte del magno convento de San Francisco- sería tan sólo una anécdota curiosa. Sin embargo, ""circo, maroma y teatro"" es la frase que podría definir la historia del Congreso de la Unión.

La Cámara de Diputados ha sido un circo de tres pistas en el cual los legisladores han transitado con toda naturalidad de lo sublime a lo ridículo. De la oprobiosa sumisión al poder Ejecutivo durante la mayor parte de su historia, a la irresponsable independencia en los años recientes. De la discusión profunda al redactar las varias constituciones que han regido al país, a la toma de tribunas, legislación al vapor, mayoriteos, dispendio, negociaciones en lo ""oscurito"", intolerancia, insultos, imprecaciones, descalificaciones y zafarranchos.

Nuestros legisladores le han impedido el ingreso a su recinto al presidente de la República, en un ejercicio inédito en nuestra historia pretendieron impedir una tompa de posesión del presidente; le han entregado el poder a otro sólo por 45 minutos; han autorizado la reelección por el capricho de un hombre, cuando la No reelección había costado el sacrificio de un millón; le han aplaudido a un asesino serial luego de salir de la cárcel -el caso de Goyo Cárdenas-; han usado máscaras de cerdo y orejas de burro; han utilizado el recinto legislativo para acampar; han insultado a la sociedad con su proceder y con sus actos -la famosa ""roqueseñal""-; han defraudado a los electores -el caso de las ""Juanitas"" que se prestaron por una elección para luego pedir licencia-; han puesto en práctica la famosa frase de López Portillo: ""el orgullo de mi nepotismo"" al heredar curules con todo cinismo; se han atrevido a proponer puntos de acuerdo tan absurdos como impedir que Madonna ingresara a México porque atentaba contra la moral y las buenas costumbres o pedir cuentas al director técnico de la selección de fútbol.

Todo podría formar parte del anecdotario político, de las curiosidades que guarda la historia, de los hechos insólitos que le dan colorido y folclor al pasado, pero el Congreso ha hecho de la anécdota -de la forma-, fondo. Con su actuación en los últimos años, los congresistas reivindican la tradición del circo, manteniendo al país en ascuas, mientras con sus decisiones ejecutan un triple salto mortal de indolencia, sin ninguna red que evite una caída fatal,

La elección de un Congreso donde sus miembros asuman verdaderamente su responsabilidad como ""representantes"" de la Nación, es otra de las tareas pendientes para consolidar nuestra democracia.

Toma de posesión de Felipe Calderón, 1 de diciembre del 2006 <a target="""" title="""" href=""http://youtu...