Una exposición que causó furor

La época de la anarquía - Vida Cotidiana

En el verano de 1824, en la agitada urbe de Londres, un acontecimiento por demás singular atrajo la curiosidad de sus habitantes y de los extranjeros que visitaban la metrópoli: por primera vez en la historia se presentaba una muestra de arte prehispánico mexicano en el Egyptian Hall, de Picadilly.

Siendo estos objetos tan distintos a los cánones de belleza estética que imperaban en aquel momento en Europa -quizá más parecidos a un arte exótico como el egipcio-, resultó significativo el lugar elegido para exhibirlos y la reacción que provocó entre el público inglés: sorpresa, desagrado, admiración, respeto y temor -sentimientos encontrados frente a los vestigios del pasado americano.

Si bien el conocimiento de las culturas prehispánicas del nuevo mundo no estaba muy difundido, obras como la del viajero y sabio alemán Alejandro de Humboldt -publicada en los primeros años del siglo XIX- alentó la curiosidad europea por culturas como la azteca y la maya. Pero, ¿a quién se debió la organización de tan inusitado evento? El responsable fue el excéntrico aventurero y coleccionista inglés, de nombre William Bullock -nacido en Sheffield, probablemente en la década de 1770- que desde joven había mostrado un vivo interés por el diseño, lo cual lo llevó a organizar exposiciones en distintos museos.

Se sabe que desde la década de 1790 inició su quehacer de expositor con carácter itinerante, presentando una colección de 300 objetos de porcelana, muebles y telas en su nativa Inglaterra; en el curso de diez años llegó a presentar su colección de manera permanente en un museo con sede en Liverpool, que existió de 1800 a 1809.

Un año después, se trasladó con éxito a Londres, donde creó un espacio destinado a exposiciones de todo tipo, con una manifiesta connotación comercial: el Egyptian Hall, el cual abrió sus puertas en 1812. Allí estableció una serie de galerías de temas exóticos, donde exhibió su colección bajo el nuevo nombre de London Museum of  Natural History, combinando elementos novedosos para el momento, tales como maquetas, colecciones de historia natural, panoramas pintados y réplicas en yeso, entre otras, que atraían la atención de toda la prensa. Todo ello le permitió a montar una exposición sobre los saami o lapones escandinavos (1822) con gran éxito, comparable sólo a una anterior, relativa a los viajes del capitán Cook en los Mares del Sur (1808).

Seguramente el éxito de sus exposiciones facilitaron a Bullock la posibilidad de viajar a México -sueño acariciado desde hacía tiempo- en donde permaneció de marzo a agosto de 1823. De su experiencia en nuestro país nació el libro Seis meses de residencia y viajes en México, pero más allá de los comentarios vertidos en el libro sobre aspectos sociales y políticos, lo interesante es conocer la forma en que Bullock realizó los preparativos para su exposición. Consiguió de las autoridades mexicanas autorización para excavar en torno a dos de las más importantes piezas antiguas, la Coatlicue y la Piedra de Tizoc, con el propósito de tomar moldes para copias en yeso; también sorprende el hecho de que le fuera permitido construir andamios para sus trabajos de reproducción de la Piedra del Sol. Y más increíble resulta que negoció con éxito el préstamo de al menos ocho manuscritos mexicas para su exhibición.

Como resultado de todo ello organizó tres o quizá cuatro exposiciones entre 1824 y 1826, en el mencionado Egyptian Hall; entre ellas: Ancient Mexico y Modern Mexico y  llegó incluso a publicar un catálogo de la piezas exhibidas que utilizó en una subasta para deshacerse del material que le había sobrado.

En la exposición dedicada al México Moderno se exhibieron toda clase de animales disecados por el propio Bullock, además de plantas, frutas, flores, minerales, vestimentas, artesanías, la réplica de una choza y tuvo la audacia de llevar a un joven indígena para mostrarlo al público. Como bien ha señalado Begoña Arteta tal parece como si hubiera querido llevarse todo lo posible para que sus compatriotas pudieran ver, palpar, oler y maravillarse ante la naturaleza pródiga del Nuevo Mundo recién independizado de España y Portugal.

Pero, sin duda, la parte más interesante fue la que correspondía al México Antiguo, significativamente abierta al público primero que la anterior. Como el mismo Bullock aclaraba, esta sección correspondía exclusivamente al momento de la llegada de Cortés a México y se circunscribía a la cultura mexica, presentando 52 piezas, entre esculturas, códices y reproducciones. En dicha sección Bullock recurrió a réplicas muy parecidas a los originales, como la escultura de la Coatlicue, el llamado calendario Azteca y la piedra de los sacrificios; pero, en otras piezas, sin duda la desbordada fantasía de los artistas echaron abajo cualquier intento de veracidad en aras de causar mayor impacto entre el público. Tal fue el caso de la llamada Gran serpiente, la cual representaba una serpiente monumental, ""enroscada hacia arriba en una posición erecta de irritación, con los colmillos extendidos hacia adelante, en el acto de engullir a una mujer, que se encuentra en la boca del reptil, triturada y desgarrada"", y que según Bullock la había descubierto en la parte abandonada del claustro del convento dominico, opuesto al palacio de la inquisición.

Entre los códices originales mostrados en la exposición, se encontraban ""el plano de papel maguey"" y el ""códice Boturini"" o ""tira de la peregrinación"", con el compromiso de devolverlos a México.  Los restantes no se han podido identificar, y se ha dudado que fueran piezas originales. El director del Museo Nacional, Isidro Gondra, registró en 1846 que cuatro de esos códices regresaron a México, del resto no se supo nada. Hubo además diferentes ornamentos ceremoniales de jade y obsidiana, junto con maquetas, litografías de templos -como la pirámide del Sol-, y reproducciones en cera de diferentes episodios de la conquista como el encuentro de Cortés y Moctezuma, que llamaron vivamente la atención. No dejaba de ser irónico que la Coatlicue, enterrada en uno de los corredores del claustro de la Universidad y desenterrada en 1823, a instancias de Bullock, para sacarle una copia, volviera a ocultarse al público de la ciudad de México, mientras su copia se exhibía en el Egyptian Hall de Londres.

*El autor es profesor de la UDLA-Puebla