Un día de gloria: la batalla del 5 de mayo

La era liberal - Hechos

El amanecer del 5 de mayo de 1862 sorprendió a soldados del recién formado Ejército de Oriente en las improvisadas defensas de Puebla. Desde la madrugada del día anterior habían tomado posiciones para esperar el ataque del ejército francés. Los cerros de Guadalupe y Loreto fueron artillados y ocupados por la  División al mando del general Negrete, con 1,200 hombres de la sierra de Puebla, Morelia y  Querétaro.

Las brigadas de los generales Berriozábal, Díaz y Lamadrid que sumaban  3,102 hombres apoyados por 550 caballos de Antonio Álvarez, ocuparon las defensas de la ciudad en los puntos en que Zaragoza la creía más vulnerable.  4,802 hombres mal armados y peor pertrechados se dispusieron al combate frente a más de 5, 000 soldados del  ejército francés que venía precedido de enorme fama conquistada en memorables campañas.

A  las 9:30 se avistó al enemigo y  poco después los cañones franceses, superiores en alcance y potencia, abrieron fuego. A las 10:00 el general francés conde de Lorencez, con el pecho cargado de  medallas y de soberbia, ordenó un inesperado movimiento mandando que se desprendieran tres columnas de ataque hacia el cerro de Guadalupe.

El general  Berriozábal, recibió la orden del general Zaragoza de conducir a paso veloz a sus hombres para reforzar las defensas de los baluartes Loreto y Guadalupe, Berriozábal cumplió la orden con presteza escalando los cerros por el lado poblano y llegando a tiempo para reforzar con sus bayonetas las lanzas y machetes de los hombres de Negrete, juntos llevaron sobre sus hombros el peso principal de la batalla.

La marea de franceses llegó una y otra vez a estrellarse en los muros de Guadalupe, defendido por hombres del pueblo llano, indígenas en su mayoría, que demostraron que ese día ni el armamento superior, ni la bien ganada fama que precedía a los zuavos, ni el incesante fuego de la artillería, iba a poder agrietar sus muros, tres veces resistieron el asalto de las experimentadas columnas del ejército francés, codo a codo, metro a metro, roca a roca los soldados mexicanos resistieron los embates en los cerros de cuyo destino dependía el de toda la República.

El ataque a  los cerros fue rechazado poco antes de las 4:30 de la tarde,  y el combate se trasladó a la llanura de Puebla, en la que el general Díaz y la caballería de Álvarez rechazaron a la última columna enemiga. Ante la derrota, los franceses comenzaron a replegarse y Zaragoza ordenó su persecución, poco después el jefe mexicano envió la orden al general Díaz de hacer alto. La batalla de puebla había terminado.  En el parte de guerra de Zaragoza se leen las palabras que el tiempo haría inmortales: ""Las armas nacionales, ciudadano ministro, se han cubierto de gloria"".