Tras las huellas del crimen

Literatura - Instituciones

La narrativa policiaca mexicana surgió en los años cuarenta y con el paso del tiempo adquirió importancia, dada su naturaleza de espejo de nuestra sociedad -tan carente de justicia-. En lo años setentas, Rafael Bernal sentó las bases de la novela negra nacional con El complot mongol, texto que se adecuaba a la sociedad mexicana y al estilo de investigación policiaco del país. El espíritu del libro se nutrió del clima político posterior a 1968.

       Ahora, en 2016, la Secretaría de Cultura del Gobierno Federal y el gobierno de San Luis Potosí salieron en busca de la “justicia literaria” para la novela negra y presentaron “Huellas del Crimen”, Primer Festival Internacional de Novela Negra, que se llevó a cabo San Luis, Potosí, del 17 al 19 de junio.

       “Huellas del Crimen” contó con la participación de autores nacionales e internacionales como Bernard Minier, Federico Axat, Élmer Mendoza, Eduardo Antonio Parra, Paco Ignacio Taibo II y Cristina Rivera Garza; también participó la antropóloga forense Sarah Hainsworth, quien participó en el análisis del esqueleto del rey Ricardo III.

       Más de 30 participantes que, durante tres días, se dieron cita en los diversos eventos, talleres y mesas de análisis programadas, entre las que destacaron “Periodismo criminal, cuando la prensa se tiñe de rojo”; “Escritores de novela negra. Secretos de cocina”; “Ficción y realidad del crimen”; “Buen policía, gran escritor”; “Lo negro del cine negro”; “La mente detrás del crimen. Ciencia médica y forense” y “El presente de la novela negra”.

            Se buscó demostrar cómo el género ha madurado en nuestro país y cómo se ha convertido en “una visión estética de la violencia”, como lo define el escritor Élmer Mendoza.

            El encuentro, también contó con espacios infantiles, como el taller técnicas de detectives para niños, en donde aprendieron a identificar huellas digitales y a decodificar mensajes ocultos.

            Una de las actividades más esperadas fue “La última cena, descifrando un crimen”, reunión exclusiva para 12 comensales que fueron seleccionados a través de una convocatoria para lectores de novela negra, cuyo anfitrión fue Bernardo Esquinca.