Siqueiros: entre los muros de Lecumberri

La estabilidad - Hechos

En su época de reportero, Julio Scherer García visitó muchas veces al pintor y muralista David Alfaro Siqueiros en la prisión de Lecumberri, un lugar siniestro apodado con razón, el Palacio Negro. Siqueiros entró como preso político en 1959; por entonces el artista y militante comunista chihuahuense tenía 63 años. Scherer sostuvo largas conversaciones con el maestro, queriendo hacer una semblanza del muralista en base a ""recuerdos, emociones y tragedias"", sin orden aparente que dieron su fruto en ""Siqueiros: la piel y la entraña"" (1965).

 

Cuando Siqueiros entró al Palacio Negro -inaugurado en septiembre de 1900 por don Porfirio-, la cárcel tenía carácter de Preventiva: los presos esperaban sentencia, una vez dada, el destino más común eran las Islas Marías. Lecumberri albergó a ""asesinos inmundos"" (como el famoso Sapo, con más de 150 asesinatos en su haber), a ""asesinos históricos"" (como Ramón Mercader, quien mató a Trostky), o a ""asesinos de postín"" (como el padre de la hermosa actriz Ana Berta Lepe, quien le mató al enamorado. Aunque la señorita Lepe visitaba a su padre de incógnita -anteojos y mascada sobre la cabeza-, su exquisita forma de caminar siempre la delataba. Pero también sus crujías, que ostentaban letras del alfabeto, albergaron a muchos luchadores sociales, entre otros José Revueltas, quien desde ahí escribiría su cruda novela sobre Lecumberri (El Apando,1969), dedicada a Pablo Neruda quien mandaba diatribas a las autoridades mexicanas para que liberaran a Revueltas.

 

La celda del muralista era la número 40, de la crujía I, esa celda ""hija triste del invierno y la soledad, donde no hay sol que pueda calentarla ni música que le lleve alegría"", sin dejar la perpetua compañía de miles, millones de ratas. Siqueiros utilizaba también su celda como oficina, para que los reclusos pudieran asesorarse con un abogado joven, ""preso por homicidio"", que le daba forma legal a sus protestas. Pero ese espacio poligonal y reducido también se convirtió en doble cárcel para él, una para el hombre, otra para el artista: ""Algunas personas opinan que en la cárcel disponemos los artistas de tiempo suficiente, que aquí vivimos un penoso, pero fecundo retiro. Ojalá y fuera cierto… Aquí he de conformarme con la más pobre artesanía: hacer cuadritos. Ésta es mi verdadera cárcel. Trabajo en el cuadro de caballete y sueño con los grandes frescos."" La época de Lecumberri sería la más fecunda de su desgraciada ""pintura de caballete"", sin embargo fue gran ayuda económica para él y su familia: Personalidades de todos los ámbitos le pedían cuadros, como el doctor Guillermo Haro, quien personalmente fue a recoger el retrato que hizo Siqueiros de Alfonso Reyes para El Colegio Nacional.

 

Siqueiros entró a la Revolución como soldado raso en el Batallón Mamá que peleó contra Victoriano Huerta. Más tarde fue subteniente en el Estado Mayor del general Manuel M. Diéguez, quien sería gobernador de Jalisco (1917-1919). Fue en aquella época cuando Siqueiros conoció Europa por primera vez: ""Viajé a bordo del Alfonso XII, el más viejo de los barcos trasatlánticos"". Cuando regresó a Guadalajara, también lo hizo a la pintura, motivado por un grupo de amigos que conformaban el Centro Bohemio de Guadalajara (entre ellos el indígena Xavier Guerrero, que le enseñó a usar la baba del nopal para aglutinar pigmentos). Pronto se aburrió del ejército y lo dejó sin decir adiós, por lo que se le acusó como desertor. Ya entonces Siqueiros era un vigoroso activista de izquierdas, cuyo lema se resumiría en la frase biográfica: ""No hay más ruta que la nuestra"".

 

En 1932 violó un arresto domiciliario en Taxco (época prolífica con más de cien cuadros), por lo que le sugirieron dejara el país. Viaja a Estados Unidos, donde pinta murales importantes, como Mitin Obrero en la escuela de arte de Chouniard, en Los Ángeles. Le comenta a Scherer que el director de cine Dudley Murphy le telefoneaba a las tres de la madrugada para que inmediatamente se fuera a su casa de Santa Mónica, porque sus amigos de francachela Charles Chaplin, Marlene Dietrich y el actor Charles Laughton les urgía comprar algunos cuadros. Para entonces Siqueiros experimentaba usando la pistola de aire. Hay que recordar que fue Siqueiros, junto con lo ingenieros del Politécnico Nacional, quienes descubrieron la pintura vinílica. La llamaron Politec, pero no les importó registrarlo, y como siempre una firma extranjera (Winsor and Newton) patentó como suyo el material que sería una verdadera revolución artística a partir de los 60as.

 

Michael Foucault decía que la prisión era un cuartel un poco estricto, una escuela sin indulgencia, un taller sombrío, pero, al último, nada cualitativamente diferente. Sin embargo, la cárcel transforma a los hombres más duros, sobre todo cuando reduce sus culpas al esqueleto del Tiempo: ""Asfixiado -dice Scherer-, Siqueiros pidió clemencia al poder y el presidente López Mateos lo devolvió a la libertad"", cuando el muralista salió de Lecumberri a los 68 años: hora de escansar.