Silvia, caso de la vida real

Cine - Personajes

En 1986, después de los sismos que afectaron a la Ciudad de México, Silvia Pinal ideó el programa Mujer, casos de la vida real como una estrategia para ayudar a la comunidad a buscar a familiares desaparecidos.

            El programa tuvo tal éxito que se extendió y comenzó a mostrar historias basadas en hechos reales, extraídas de las cartas que el público enviaba a la producción. Estuvo al aire durante 21 años.

            Con los cambios sociales y la apertura televisiva a temas cada vez más fuertes y diversos, Casos de la vida real dramatizó más de 500 historias acerca de aborto, abusos, violencia doméstica, secuestro, homosexualidad, prostitución, cáncer, sida, trata de blancas, vandalismo e historias de amor y desamor.

            Quizá esta vocación de lustros contando historias inspiró a Silvia para contar su propio “caso de la vida real”.

            En el año 2015 lanzó el libro Esta soy yo, una autobiografía sin censura en donde relata variopintos episodios de su vida: desde los inicios de su carrera, la trágica muerte de su hija Viridiana, los pleitos –con balazos incluidos– entre ella y Enrique Guzmán, hasta la manera en que conoció y convivió con figuras legendarias como Luis Buñuel y Diego Rivera, entre muchos otros.

El retrato de “la bella chamaca”

El inicio del programa Mujer, casos de la vida real siempre fue el mismo: doña Silvia en una sala en cuya escenografía se apreció durante muchos programas un retrato suyo en donde posa ataviada con un elegante vestido negro; la mayor parte del público no supo que ese cuadro fue pintado por Diego Rivera en 1956.

            El arquitecto encargado del diseño de la casa de la actriz, le dijo que lo único que le faltaba a la decoración era un cuadro de Diego Rivera, así que los presentó.

            El muralista aceptó hacer un retrato de la actriz, para el que fueron necesarias varias sesiones de trabajo en las que la Pinal posaba inmóvil mientras el artista se concentraba en sus trazos y en jugarle algunas bromas como contarle historias irreales de un Mussolini gigoló o preguntarle sobre su vida sexual.

            Del precio nunca hablaron, así que el 3 de noviembre de 1956, cuando llegó  el final de la obra, la actriz temblaba ante la idea del cuantioso cheque que tendría que firmar, pero recibió una sorpresa cuando Diego Rivera decidió regalarle el cuadro como un presente por el día de su santo.

            El cuadro fue presentado en casa de Silvia Pinal ante varios invitados que pudieron leer de cerca el letrerito que Rivera incluyó con la leyenda: “La bella chamaca, genial, Silvia Pinal en su onomástico”.

            Un año después murió el muralista y el cuadro, que aún sigue en la casa Pinal, actualmente está valuado en tres millones de dólares.