Salvar la vida: Mariano Abasolo

Aires libertarios - Hechos

""…pretendió en su causa no haber tenido conocimiento de la conspiración hasta después de hecha la revolución, y su papel poco distinguido que en ella hizo, prueba por lo menos que sus compañeros lo tenían por muy insignificante"". Lucas Alamán

Mariano Abasolo (1783-1816), quizá influenciado por Ignacio Allende, fue miembro activo de la conspiración de Querétaro. Cuando Miguel Hidalgo inició el movimiento armado, Abasolo ostentaba el grado de capitán del regimiento de la Reina de San Miguel el Grande. El 16 de septiembre de 1810, mientras Hidalgo convocaba al pueblo para levantarse en armas, Abasolo salió de Dolores a San Miguel por lo que no participó en los primeros momentos de la lucha.

Cuando los insurgentes marchaban rumbo a Celaya, fue designado por Hidalgo para entregar, junto con Ignacio Camargo, una comunicación dirigida al intendente Riaño, en la cual lo invitaba a rendirse. Abasolo regresó con Hidalgo, mientras Camargo esperaba la contestación de Riaño, y una vez en Guanajuato, iniciado el ataque sobre la Alhóndiga de Granaditas, Abasolo no intervino .

Después del desastre de Puente de Calderón en enero de 1811, varios caudillos independientes lo miraban con desconfianza. Cuando Allende acordó retirarse a Estados Unidos, convocó en Saltillo una reunión para designar a los jefes que habían de quedar en la ciudad para mantener la insurgencia, Abasolo no aceptó el encargo. Fue hecho prisionero junto con los otros caudillos en Acatita de Baján, el 21 de marzo de 1811, por las tropas de Elizondo y trasladado a Chihuahua.

Durante su proceso, propuso salvarse a costa de todos, y procuró alejar de él toda responsabilidad. En su declaración sostuvo no haber tenido conocimiento de la revolución hasta después de comenzado el movimiento. Señaló que intentó oportunamente instruir al coronel Canal de lo sucedido en Dolores, para evitar así la propagación de la revolución en San Miguel. Que al trasladarse a San Miguel, el día siguiente de la entrada de Hidalgo, pidió al cura de Dolores permiso para retirarse a su casa. Que nunca se le confió mando de armas, ni se hizo cargo de algún asunto importante.

Abasolo expuso también que durante el ataque a la alhóndiga de Granaditas, se mantuvo en casa de su amigo Pedro Otero. Que en la batalla de Calderón, a la que acudió sólo para no alimentar la desconfianza de sus compañeros, fue de los primeros en ponerse en fuga. Que fue obligado por Hidalgo, en Celaya, a entregar una suma considerable perteneciente a su suegro, Antonio Taboada. Que en el saqueo y matanza a los europeos, él no tuvo parte alguna, sino que él mismo puso a salvo a más de cien, sacándolos de prisión y ocultándolos.

Mariano Abasolo manifestó que era su deseo retirarse de la revolución. Por lo que durante su estancia en Saltillo, escribió al general Calleja solicitando el indulto, que ya se le había ofrecido por medio de su esposa, Manuela de Rojas Taboada, quien con el objeto de seguir a su marido y apartarlo de la revolución, obtuvo de Calleja pasaporte general.

Con sus acusaciones, Mariano Abasolo arrastró a la muerte a José Ma. Chico, uno de los hombres de confianza de Hidalgo. Y acusó incisivamente a Allende de haber tolerado todos los asesinatos que se cometieron en Guadalajara.

Gracias a su copiosa declaración, en la que no prescindió de acusaciones contra los demás, y a intervención de su esposa que ""no omitió diligencia alguna para salvar la vida de su marido"", Abasolo no fue condenado a muerte, sino a presidio perpetuo en España, en el castillo de Santa Catalina de Cádiz, donde murió el 14 de abril de 1816.

Fuente: Molina Arceo, Sandra, 101 villanos en la historia de México, Grijalbo, 2008.