Retrato de los campeones y el dictador

Literatura

Dicen los comentaristas deportivos cada vez que alguien se manifiesta políticamente en un estadio, que el deporte y la grilla son temas separados y no deben caminar juntos. Eso dicen, y lo dicen con una ingenuidad pasmosa: ya los Olímpicos en la antigua Grecia eran un asunto más político que deportivo, y nada ha cambiado desde entonces.

Si no lo creen, que echen un ojo a las inversiones multimillonarias que hizo el bloque socialista para ganar medallas o a los triunfos del deporte chino, formas caras aunque eficaces de la propaganda, o a Olimpia, el documental sobre los olímpicos hitlerianos que hizo Leni Riefenstahl.

Que la política y el deporte caminan tan juntos que hasta se confunden por momentos, lo entendió con su agudeza habitual Gay Talese. El menos conocido (en nuestras tierras) de los representantes del nuevo periodismo yanqui -ese equipo de lujo que incluye a Norman Mailer, Hunther S. Thompson y Tom Wolfe-. Talese, estilísticamente el más contenido de ellos y el más discreto como figura pública, acompañó a Muhammad Ali, nada menos, en su visita casi oficial a Fidel Castro, en 1996. E hizo una crónica que es una obra maestra no del periodismo deportivo, aunque también, sino del político: Ali en La Habana.

Castro, por su parte, se hizo acompañar para la ocasión por una gloria del deporte socialista, el campeón olímpico de los completos, Teófilo Stevenson, que alcanzó esa gloria cuando Ali todavía era un ídolo en activo y que nunca pudo enfrentarlo, por la brecha entonces mucho más amplia que la actual entre el profesionalismo y el olimpismo, que el norteamericano, como es sabido, abandonó mucho antes.

¿Quién ganaría una pelea -se preguntaban los aficionados a la hora de los tragos-, el roble cubano o el elástico oso de Louisville? No lo sabremos: ese encuentro sólo se dio en el campo de la diplomacia informal. Y al darse propició, sí, un notable retrato del difunto Stevenson, otro notable retrato de Ali, más como el animal político que es, que como el grandísimo boxeador que ya no era, pero sobre todo un notable retrato que nunca se anuncia como tal de Castro, el dictador, en toda su soberbia, su decadencia mental, su lejanía de la realidad.

Hasta hace poco, Talese era inaccesible en México salvo vía Amazon o para quienes tenían algún contacto en Colombia o España, donde el gran cronista sí había disfrutado de algunas traducciones. Alfaguara ha llenado ese vacío con Retratos y encuentros, una antología de su extensa obra reporteril.

http://youtu.be/LcOZRgysAkQ