Las reformas educativas de Santa Anna y la educación lancasteriana.

La época de la anarquía - Vida Cotidiana

Entre octubre de 1841 y febrero de 1843 el general Santa Anna asumió la presidencia provisional del periodo conocido como la Segunda República Central, y se le otorgaron atribuciones extraordinarias al Ejecutivo mientras el Congreso cumplía su misión de redactar una nueva Constitución. A pesar de la inestabilidad que caracterizó a esta época, el gobierno manifestó un anhelo por reglamentar y extender la educación, y por eso las leyes en esta materia fueron centrales para el Legislativo.

En el mes de agosto de 1842 se emitió una ley que estipulaba que le correspondía al Congreso Nacional ""proteger la educación y la ilustración, creando establecimientos científicos e instrucción de utilidad común para toda la nación; decretando las bases para el arreglo de los estudios de profesión y reprobando o reformando los estatutos de los Departamentos que tiendan a obstruir o retrasar la educación y la ilustración"". Este fue el punto de partida para una serie de reformas educativas que se emitieron durante el periodo transitorio de la Segunda República Central.

Una de los cambios más trascendentales en la historia de la educación en México se dio con la ley del 26 de octubre de 1842, pues a iniciativa de Santa Anna se decretó la obligatoriedad de la enseñanza entre los 15 y los 17 años de edad, además de que sería gratuita y libre. También estipuló que la Dirección de la Instrucción Primaria quedaría a cargo de la Compañía Lancasteriana -la cual ya tenía 20 años de actividad docente en México-,  que habría subdirecciones en cada estado del país y se fundaría una escuela normal con un nuevo plan de estudios y libros de texto.

La educación lancasteriana tenía en un método de enseñanza que estaba dirigido por un maestro con la ayuda de un monitor, quien lo auxiliaba en las asignaturas y mantenía la disciplina. Éstos tenían que llegar temprano a la escuela para recibir las instrucciones de las asignaturas a impartir: lectura, escritura, aritmética y doctrina cristiana. Los alumnos llegaban a las nueve de la mañana y se formaban para ser revisados en su aseo personal; después pasaban a los salones en donde se sentaban en filas y seguían las indicaciones del monitor, quien les indicaba las actividades o les decía si debían poner las manos en las rodillas o el pupitre. Ahí, los niños tenían una caja de arena en la que trazaban las letras que indicaba el profesor. Por las mañanas practicaban las letras mayúsculas, por las tardes las minúsculas y también realizaban en la arena las operaciones aritméticas.

La asignación del nivel de los alumnos no dependía de su edad, sino de sus avances en cada asignatura por lo que en cada salón podía haber niños de diferentes edades, los más pequeños se sentaban hasta adelante y los grandes hasta atrás. También había un sistema de castigos para los niños que se portaban mal que consistían en colgarles una tarjeta que los identificaba como ""indisciplinado"", ""travieso"", ""inquieto"", ""chismoso"", etc. Cada día de escuela duraba entre seis y siete horas, y se daba un tiempo de dos horas para que cada niño se fuera a comer a su casa.

Además del proyecto de Santa Anna, basado en el apoyo de la Compañía Lancasteriana, se planteó un programa para la educación preparatoria y carreras especiales en las cuales incluyeron las ciencias naturales y se amplió el programa de medicina con clases de anatomía descriptiva, medicina operatoria y obstetricia.  Este proyecto educativo, sin embargo, duró muy poco tiempo pues Santa Anna le cedió la presidencia a Nicolás Bravo, quien disolvió el Congreso y formó una Junta Legislativa que tenía el objetivo de crear unas nuevas Bases Constitucionales. Esto provocó que la educación dejara de estar en manos de la Compañía Lancasteriana y pasara a manos de las autoridades civiles. A partir de entonces se fue cobrando fuerza la idea de que el Estado debía atender la educación como una de las prerrogativas de su proyecto nacional, y ya no dejar esa labor totalmente en manos de la iglesia católica, aunque tuvo que pasar mucho tiempo para que se implementara el laicismo educativo en México.

Aunque el proyecto educativo del presidente Santa Anna no se pudo llevar a cabo, la prerrogativa de hacer obligatoria la enseñanza fue muy importante porque impulsó la implementación de la educación para toda la población, como una necesidad para la prosperidad del país.