Que los niños se acerquen al teatro

La estabilidad - Vida Cotidiana

""Es el teatro uno de los medios más eficaces para ayudar a formar toda conciencia personal. La inmediata comunicación que existe entre actores y espectáculo hace esperar una enseñanza directa de las experiencias humanas..."" fueron las palabras de Concepción Sada, dramaturga y una de las pioneras del teatro para niños en nuestro país; junto a la actriz Clementina Otero creó la compañía Teatro Infantil de Bellas Artes que en 1942 inició formalmente sus labores con el objetivo de crear un público que desde temprana edad conociera y se interesara en el teatro nacional.

En esa temporada se estrenaron La muñeca Pastillita de Miguel Lira Don Pirrimplín en la luna de Ermilio Abreu Gómez y una adaptación del cuento de Andersen La reina de las nieves escrita y dirigida por Celestino Gorostiza. Concepción Sada instrumentó un sistema para captar más espectadores, por primera vez los niños de las escuelas irían al teatro de forma organizada. Calculó que las escuelas primarias y los jardines de niños de la SEP se organizaban por zonas y distribuyó entre ellas el boletaje completo del Teatro de Bellas Artes, lo que garantizó un lleno completo de todas las funciones, como resultado 36,000 niños asistieron a la temporada de 1944.

El teatro fomenta en los niños la capacidad de atención, la imaginación para prestarse a la ficción y el contacto con temas como los valores universales: la lucha del bien contra el mal, perseguir los sueños, no darse por vencido a pesar de las adversidades.

En 1945 se estrenó la obra El Rey Bombón y Cri Cri de Francisco Gabilondo Soler que se distinguió por hacer un ejercicio de interacción con el público en dónde los niños podían participar en el espectáculo condenando al personaje antagónico, el Abejorro Mostachón. Incorporar las historias, personajes y la música que Gabilondo Soler había popularizado en radio fue un gran acierto que marcó la historia del teatro infantil producido por la SEP.

A diferencia del cine, la convención en el teatro genera un intercambio de energía especial con los actores, el niño comprende que lo que sucede frente a él es un momento mágico y único, que aunque se repita cualquier otro día nunca va a ser igual. Además, acercarnos al arte nos hace más sensibles, cualidad actualmente en vías de extinción en una época y una sociedad en donde la violencia y la muerte son temas tan cotidianos y en donde niños y adultos desarrollamos una tolerancia absurda a ellos.