Pedro Infante

Cine - Personajes

 “En la fresca y perfumada mañanita de tu santo, recibe, mi bien amada, la dulzura de mi canto. Encontrarás en tu reja un fresco ramo de flores que mi corazón te deja, chinita de mis amores.”

Pedro le cantó las mañanitas a Chachita y a la Chorreada en Nosotros los pobres, a la tía Angelina en La tercera palabra y a México entero en su disco Mañanitas, grabado para la disquera Peerlees en 1950, —el disco de mayor venta en toda la historia de la compañía—, ahí grabó incluso “Las otras mañanitas” compuestas por Chava Flores”. Al día de hoy, a 99 años del nacimiento del ídolo de Guamúchil, el país sigue celebrando su cumpleaños.

            José Pedro Infante Cruz nació el 18 de noviembre de 1917 en Mazatlán, Sinaloa, pero se crió en Guamúchil, Sinaloa. A los 16 años formó junto a su padre, don Delfino, la orquesta “La Rabia” en la que tocaba la guitarra y la batería. En 1932 se integró a la Orquesta Estrella de Culiacán, para 1938 cantaba en la XEB  cobrando dos pesos por hora.

            Su carrera cinematográfica inició como extra en la película En un burro tres baturros (1939) y participó en varias cintas como actor secundario, por ejemplo en La feria de las flores (1943), su primer estelar fue en la película Cuando habla el corazón (1943). Actúo en más de 60 películas y grabó aproximadamente 310 canciones.

            Deportista y aficionado a las emociones fuertes, enamorado de los aviones y las motocicletas, en la filmación de la película ¿Qué te ha dado esa mujer? (1951) no permitió que lo doblarán en las escenas peligrosas; al termino de la filmación, tanto él como Ismael Rodríguez recibieron los grados de comandantes, y miembros honorarios del Cuerpo de Tránsito.

            Su pasión por la aviación lo llevó a acumular dos mil 989 horas de vuelo, registrado como el Capitán Cruz. En su  famosa casa de Cuajimalpa, a la que llamaba “El Kilómetro” instaló un simulador de vuelo.

            Esa casa, que dejó inconclusa a su muerte, era un homenaje a sus aficiones, en ella instaló un gimnasio, boliche, billar, sala de cine —bautizada “El ratoncito”, en honor a Irma Dorantes—, alberca, baño de vapor, carpintería, caballeriza, una iglesia —de la que podían hacer uso todos los vecinos— y hasta una peluquería, en la que se daba el gusto de peluquear a todos sus amigos. “Me perdonas, manito —le decía a sus invitados—, pero el que entra aquí se pela aunque sea pelón de nacimiento”.

            Pero sin duda, su afición más grande —y más peligrosa— fueron las mujeres. Incluso su muerte se relaciona con un lío de demandas de divorcio y disolución de matrimonios…

            El día de la muerte de Pedro Infante se recuerda como uno de los días más tristes de la historia del país. El avionazo del 15 de abril de 1957 dejó miles de viudas y dolientes y el inicio de una leyenda.