Novo: el padre de la crónica

Literatura - Obras

“El extraordinario cronista de la ciudad, Salvador Novo, nos introduce en el mundo fantástico de la publicidad que influye en nuestros actos, decisiones, maneras de ser, formas de vivir…”, así presenta la contraportada del libro Apuntes para una historia de la publicidad en la Ciudad de México, su espectacular contenido escrito por “el gran cronista laureado con el Premio Nacional de Literatura”.

            El interés de las letras de Novo alcanzó todos los temas: escribía de la Ciudad de México, del arte, de la política, del espectáculo (y sus personajes), la sociedad,  los deportes, la cultura, el teatro, el cine, la moda, la gastronomía, la literatura y, sobre todo, de su propia vida.

            Sus testimonios cronicados fueron madurando junto a él hasta convertirlo en uno de los pilares del género en el país. Return ticket, publicado en 1927, fue uno de sus primeros ejercicios encaminados a este género. El 5 de noviembre de 1965, el presidente Gustavo Díaz Ordaz lo hizo “oficial”, designándolo Cronista de la Ciudad de México.

            Culto y poseedor de una excelente prosa, recreó magistralmente cada evento, a través de descripciones que transportan a la atmósfera y los escenarios de cada momento histórico. Narró con detalle la vida cotidiana del país en sus libros La vida en México en el periodo presidencial de Lázaro Cárdenas; de Manuel Ávila Camacho; de Miguel Alemán; de Adolfo Ruiz Cortines; de Adolfo López Mateos; de Gustavo Díaz Ordaz y de Luis Echeverría.

             En el libro Continente vacío, relató sus viajes por América del Sur y sus andanzas románticas al lado de Federico García Lorca.

            Se le considera un visionario que supo valorar las posibilidades de un género en aquellos años relegado por su carácter hibrido, pero era esta flexibilidad la que fascinaba a Novo. Tanto, que no sólo la cultivó en sus letras, sino que se dio a la tarea de antologar. En su libro Seis siglos de la Ciudad de México integró la historia de la ciudad a través de una sucesión de textos de los cronistas más importantes abarcados desde la conquista hasta los inicios del siglo XX.

            En su poema “Mea Culpa”, Novo parece confesar su “destino de cronista” al afirmar: “Yo recibí legado, eslabón y simiente / a eternizar la vida destinado/ pasos que proseguir sin detenerse / por los montes del tiempo delegado / tesoros que entregar / antorcha con que alumbrar la tierra / el mar, el aire, / llama para incendiar crepúsculos y auroras”.