Músico, poeta, loco y actor

Cine - Personajes

 

 Las manos delgadas y de venas saltonas del “flaco” aparecen en primer plano tocando el piano (¿qué otra cosa podrían hacer?); le sigue una toma de las manos regordetas de Pedro Vargas, zurciendo un calcetín, y después las manos de Luis Aguilar planchando un pantalón. Es el inicio de la película Los tres bohemios, dirigida en 1957 por Miguel Morayta. Una de las tantas en las que Agustín Lara luce sus dotes histriónicas.

Pero su relación con el cine comenzó mucho antes. Tuvo el honor de musicalizar la primera obra cinematográfica en usar sonido directo: Santa, de 1931.

 Muchas de sus canciones fueron inspiración para crear argumentos cinematográficos: Noche de Ronda de Ernesto Cortázar, en 1942, Palabras de mujer y pervertida, ambas de José Díaz Morales filmadas en 1945, Humo en tus ojos de Alberto Gout, en 1946,  Aventurera, de 1949 y Solamente una vez de Carlos Vejar.

  En casi todas estas películas, Agustín le cantó a las mujeres “malas”, a las prostitutas, a las víctimas de sus circunstancias. Se convirtió en el “compositor de las cabareteras”. Percibía a las mujeres como una incógnita que intentó despejar a través de canciones.

 Su delgada figura, sus manos al piano y el perfil de su cara mientras sostenía un cigarro en los labios, son imágenes icónicas del cine de oro mexicano. Como actor, participó en más de una docena de películas, la primera Novillero, en 1937.  Le siguieron muchas más como Pecadora en 1947; Coqueta de Fernando A. Rivero, en 1949, donde actúa al lado de Ninión Sevilla y Tito Junco, encarnando a un ciego que termina matando a su amada; en La mujer que yo amé de Tito Davison, filmada en 1950, se interpreta a sí mismo. Incluso hay una escena en donde una mujer despechada le marca la cara con una botella; Señora Tentación de 1948, ¿Por qué no me amas?, de 1953 y La faraona, de 1956, son algunos otros títulos en donde el músico poeta demostró que también “en el aire las actuaba”.