¡Mueran los insurgentes!

Aires libertarios - Hechos

Tras el grito de Dolores (1810), el teatro se convirtió en un bastión de resistencia a favor de la causa del rey. Cada una de las victorias alcanzadas por las fuerzas realistas sobre los insurgentes era celebrada en el Coliseo.

En 1812, Félix María Calleja fue honrado con varias funciones teatrales luego de haber derrotado a los insurgentes en las batallas de Aculco y Puente de Calderón -lo que significó la debacle definitiva de la primera etapa de la guerra de independencia-. El Coliseo se vistió de luces, ""como en los días de santo o cumpleaños del monarca"" para aclamar al militar, y fue tan grande el homenaje, que el virrey Francisco Xavier Venegas sintió celos y decidió no volver a concurrir al teatro mientras Calleja permaneciera en la ciudad de México. El gobernante volvió al Coliseo para celebrar la promulgación de la Constitución de Cádiz en 1812.

En 1813 se realizó una representación a beneficio de la tonadillera ""Inesita"", una de las actrices más hermosas de su época y quien era señalada como la favorita del virrey Calleja. El nuevo gobernante había cambiado el uniforme militar por el bastón de mando y dirigía los destinos de la Nueva España bajo la sospecha de que intentaba independizarla, aunque sólo eran rumores. Las últimas funciones vistosas y elegantes se llevaron a cabo bajo su gobierno.

En los siguientes años, la actividad teatral no desapareció, pero la calidad de los espectáculos presentados dejó mucho que desear. Casi ningún empresario quería invertir en momentos en que nadie sabía qué destino le esperaba al virreinato sumido en la guerra. Si el Coliseo no cerró, se debió a que los primeros actores, se hicieron cargo de su administración, no para generar ganancias sino para sobrevivir en épocas de crisis.

En 1817, el ""leal comercio de México, lleno de entusiasmo patriótico"" organizó una función en el Coliseo para rendir homenaje al coronel Francisco de Orrantia por haber capturado al insurgente español Xavier Mina y celebrar su fusilamiento ocurrido el 11 de noviembre de ese año. La gala fue presidida por el virrey Juan Ruiz de Apodaca y en ella se interpretó una marcha militar que señalaba:

""Odio a Mina, baldón del Ibero,/ que aborrecen los nobles hispanos/ desde el cántabro fiel y guerrero/ hasta el bético alegre y leal./ Odio siempre, y perezca entre horrores/ aquel vil que a manchar se atreviera/ la lealtad española que fuera/ su divisa y tesoro inmortal"".