Mi general Mariano Escobedo

La era liberal - Personajes

Por Alejandro Rosas

Con su larga barba negra y sus inseparables gafas, parecía un hombre de letras dedicado al arte de los libros. No era, sin embargo, un intelectual. Su vida no estaba escrita con tinta negra sobre hojas de papel. Su historia había sido escrita en los campos de batalla con la sangre como tinta y un fuerte olor a pólvora.

     Nacido en Galeana, Nuevo León, en 1826, el general Mariano Escobedo escuchó el llamado de las armas apenas a los veinte años, cuando los estadounidenses iniciaron la invasión del territorio mexicano. Ranchero por vocación, educado para las faenas del campo, en 1855 se vio obligado a cambiar, de manera definitiva, el azadón por el sable uniéndose a la revolución de Ayutla para derrocar a Santa Anna. A partir de entonces abrazó la causa liberal.

     Durante la guerra de Reforma, Escobedo cayó en manos de los conservadores cuando el conflicto apuntaba ya hacia una victoria de los liberales, por lo que el general Tomás Mejía lo puso en libertad. Años más tarde, cuando el destino los colocó en una situación semejante y el general Mejía estaba presto a morir fusilado junto a Maximiliano y Miguel Miramón, el general Escobedo le ofreció interceder por su vida y ponerlo en libertad, pero el general indio, siempre fiel al emperador, no aceptó.

     Don Mariano, estuvo presente en la batalla del 5 de mayo de 1862 y un año después participó en la defensa de Puebla, donde cayó prisionero. Logró fugarse para continuar la guerra bajo las órdenes de Porfirio Díaz. Luego de la toma de Oaxaca por las tropas imperiales, Escobedo volvió a escapar y se dirigió hacia el norte, región que conocía como la palma de su mano. Desde ahí organizó un nuevo Ejército que, con armas de retrocarga fabricadas en Estados Unidos, comenzó la contraofensiva contra el imperio.

     El sitio de Querétaro fue su mayor éxito militar, mismo que fue coronado con la ocupación de la ciudad –a través de una traición- y la rendición de Maximiliano el 15 de mayo de 1867. Su noble y humanitario comportamiento con el enemigo, le valió el reconocimiento de propios y extraños.

     Al doblar el siglo, una encuesta de El Diario del Hogar, lo designó como el general “más ameritado” entre todos los que habían combatido al imperio, incluso sobre Porfirio Díaz. El día 22 de mayo de 1902, Escobedo dio su última batalla frente a la muerte y a los 76 años de edad, entregó finalmente su vida y su espada, consagrada durante años a defender a su patria.