Matrimonio a la mexicana

La época de las crisis - Vida Cotidiana

El famoso ""boom"" petrolero de los años setenta, con el que México pretendía transitar del (mal) llamado Tercer Mundo al Primero no cumplió al cien por cien su cometido. Apostar a la venta del hidrocarburo como la base del desarrollo económico no resultó en una bonanza ilimitada como el gobierno esperaba. Con todo, la modernización se abrió paso y México tomó el camino del campo a la ciudad, de la economía sustentada en el sector agrario por la industrialización.

Mientras que en 1940 las tres cuartas partes del país era rural, para 1976 constituía menos de la mitad de la población total nacional. Entre otras cosas, esto implicó un cambio en la estructura de la sociedad al disminuir el número de campesinos viviendo en las urbes, aumentar el porcentaje de obreros y de personas laborando como prestadores de servicios y el incremento en la población urbana.

Por alguna razón, a los mexicanos les dio por casarse más en esos años… y también por divorciarse más: en 1976, por cada mil habitantes se casaba un promedio de ocho pero se divorciaban cuatro (el número va aumentando hasta alcanzar en 2009 los 15 divorcios contra cinco matrimonios por cada mil personas.

Otro dato ""curioso"": un porcentaje muy alto de los divorcios se da en personas con mayor nivel educativo. De todos modos, a mayor nupcialidad, mayor fecundidad, que pasó de 4 a 7 hijos por mujer. A este fenómeno se le conoció internacionalmente como marriage and baby boom.

Los setenta fueron también los años del ""destrampe"" juvenil, dando pie a una mayor libertad sexual, pero también al aumento de embarazos prematuros. La nula o escasa educación sexual, la irresponsabilidad y las limitaciones impuestas por la sociedad para el uso de métodos anticonceptivos, contribuyó al problema.

La familia nuclear dominaba el panorama donde padre, madre y dos hijos eran la media. Nadie concebía entonces la posibilidad de matrimonio entre personas del mismo sexo. En la sociedad mexicana mayoritariamente conservadora, el título de Jefe de Familia estaba reservado para el hombre como el proveedor. Este rol le daba derecho a gozar del sexo, dentro o fuera de casa, mientras que para la mujer éste debía ser sufrido y meramente utilitario.

Sin embargo, fue también en esta década cuando comenzaron los cambio a una sociedad más igualitaria en términos de género. El feminismo jugó un papel protagónico, un movimiento estimulado por la participación de la mujer en el 68 y la necesidad de su incorporación a la vida económica, entre otras razones, lo que obligaría a la transformación de los patrones matrimoniales.