Manual Espírita por Bhima

La revolución - Documentos

Tip. ""Artística."" —1ª de la Violeta y 4ª de Sote.

1911.

Esta obra, por acuerdo expreso del autor, es propiedad de la Junta Permanente del Segundo Congreso Espírita de México, la cual faculta desde ahora para que se hagan nuevas reproducciones en todo ó en parte, ó traducciones a idiomas extranjeros, siguiendo, como única condición, que todas las reimpresiones sean conforme al texto, y las traducciones que sean fieles. De esta manera se lograrán el objeto del autor y el deseo de esta Junta, que es hacer la mayor propaganda posible.

DEDICATORIA

El autor dedica este modesto trabajo á los nobles y grandes espíritus que lo han sacado de las tinieblas de la ignorancia, han abierto ante sus ojos esplendorosos y vastos horizontes; y han hecho que su corazón, antes frío por el egoísmo, palpite ante las miserias de la humanidad.

A estos nobles sentimientos, inspirados por seres tan elevados, debe el autor el deseo de divulgar la luz y el consuelo que encierra la doctrina espírita.

Para satisfacer tal deseo, y sostenido siempre por sus invisibles amigos, ha escrito este manual.

¡Que lleve luz á las conciencias; paz y tranquilidad á los corazones; que sirva para enjugar muchas lágrimas, para guiar muchas almas por el sendero del bien, y los deseos del autor estarán satisfechos!

México, Agosto de 1909.

BHîMA

 

INTRODUCCIÓN

Esta obra, escrita en virtud de convocatoria expedida por la Junta Permanente del 2o. Congreso Espírita de México, está destinada a la juventud, a los obreros y en general a las masas, a donde aún no ha llegado la influencia demoledora del materialismo.

Nos dirigimos por consiguiente a los jóvenes que empiezan a vivir, que no han bebido en las impuras fuentes del materialismo, que están dispuestos a admirar todo lo grande y lo bello; a aquellos en cuyo corazón no ha hincado sus garras el desconsolador escepticismo, y que, ardientes y entusiastas, abrigan nobles ideales, sentimientos generosos.

Nos dirigimos igualmente al obrero, al desheredado de la fortuna, al que no encuentra consuelo en un culto que su razón rechaza; que no encuentra justicia en el materialismo, porque sólo le enseña el triunfo del más fuerte, el premio del más apto para la lucha, y él se considera el más débil, el menos apto en esa desenfrenada lucha por la vida, y no cree justo que su destino sea perecer, después de una vida miserable y laboriosa: no cree justo haber venido a este mundo tan sólo para enriquecer a otros y proporcionarles la abundancia con sus privaciones, para permitirles llevar vida holgazana, mientras él se aniquila en el trabajo.

Pues bien, a estos obreros, que también tienen el corazón puro, y cuya conciencia aún no ha sido emponzoñada por el materialismo, les destinamos esta obra, en la cual encontrarán las bases de una filosofía elevadísima que satisfará sus más notables aspiraciones, les explicará el por qué de la vida, el por qué de su triste situación, les enseñará la ley de retribución, abrirá ante sus conciencias nuevos y vastos horizontes, les hará comprender que nuestra vida no se desarrolla en el miserable cuadro de una existencia terrestre, sino que tiene por tiempo, la Eternidad; por espacio el Universo, y por último, los pondrá en mejores condiciones para sostener la lucha por la vida, cada vez más feroz, debido al egoísmo de los ricos y a la ignorancia de los pobres.

Para llenar nuestro objeto, nos bastará hacer una breve exposición de la doctrina espírita. Es tan bella, tan sencilla, que fácilmente será admirada y comprendida por las personas a quienes nos dirigimos.

No haremos largas argumentaciones, ni citaremos numerosas pruebas en apoyo de esta doctrina, pues en obras especiales pueden encontrarse argumentos y pruebas para el más exigente.

Además, las largas argumentaciones, generalmente sirven para obscurecer los puntos que pretenden dilucidar.

Por tales razones, nos concretaremos a exponer pruebas al alcance de todos y razonamientos sencillos, los más apropiados para causar verdadera impresión.

Nuestra labor será depositar la semilla en el surco; la de nuestros lectores, cultivar cuidadosamente la planta que germine, hasta que dé sazonado fruto.

EL AUTOR

 

CAPITULO I.

Breve exposición de la doctrina espírita.

P.— ¿Qué debe entenderse por Espiritismo?

R.— El Espiritismo es la ciencia que se ocupa de investigar las fuerzas del espíritu humano, su pasado antes de venir a este mundo y su suerte cuando lo abandone.

FUERZAS ANIMICAS.—P.— ¿Podréis decirme de qué fuerzas dispone nuestro espíritu?

R.— Enormes son tales fuerzas. Os citaré en primer lugar la inteligencia y la voluntad, las cuales, combinadas al servicio de espíritus superiores, pueden transformar al mundo, como de hecho lo han transformado, Budda, Moisés, Cristo y otros muchos grandes hombres.

Esos espíritus poseían una clarísima inteligencia, que los guiaba en el cumplimiento de su misión y una gran voluntad, que les comunicaba la energía suficiente para seguir adelante, en medio de los mil obstáculos que obstruían su camino.

P.— ¿De qué otras fuerzas dispone el espíritu?

R.— La inteligencia y la voluntad en mayor o menor grado, son atributos de los espíritus encarnados o no, pero en toda personalidad humana, existen en embrión otras fuerzas susceptibles de gran desarrollo, llamadas fuerzas anímicas o psíquicas, (de PSICHE, alma).

Estas fuerzas no son exclusivamente de origen espiritual, pero tampoco son de origen material, y su naturaleza compleja y mixta, sirve admirablemente para demostrar que nuestro cuerpo material es regido por una entidad espiritual.

P.— ¿Cómo se comprueba la existencia de estas fuerzas?

R.—Por medio de los siguientes fenómenos que producen: magnetismo, hipnotismo, sugestión, telepatía, sonambulismo y éxtasis.

P.— ¿Las fuerzas que me habéis enumerado, son las únicas de que dispone el espíritu humano?

R.— Existen otras que no puedo clasificar entre las anímicas, porque sólo pueden manifestar sus efectos con la cooperación de los espíritas que habitan el espacio, por cuyo motivo se llaman medianímicas. Sirven para que los espíritus del espacio se comuniquen con los encarnados.

P.— Y los espíritus ¿se comunican con todos los encarnados?

R.— Los espíritus se sirven de ciertos procedimientos para ejercer influencia sobre los habitantes de este mundo en general, pero esa influencia pasa desapercibida para la inmensa mayoría. En cambio, existen personas dotadas de facultades especiales, que permiten a los espíritus manifestarse por su conducto. Esas personas generalmente sirven de intermediarias entre los espíritus que habitan el espacio y los encarnados en este mundo, por cuyo motivo se llaman médiums. (Intermediarios).

REENCARNACIÓN.—P.— ¿Podéis decirme algo respecto al estado en que se encontraba nuestro espíritu antes de venir a este mundo y de la suerte que le espera al abandonarlo?

R.— La vida del espíritu es eterna. Su origen se pierde en la noche de los tiempos, y su porvenir es glorioso y eterno. El espíritu reencarna considerable número de veces en nuestro planeta, hasta que adquiere los conocimientos y virtudes necesarias para pasar a un mundo superior.

Cada vez que un espíritu encarna en este mundo, trae consigo en forma de inteligencia y de aptitudes, el recuerdo de lo aprendido en sus encarnaciones anteriores y en forma de carácter, las virtudes y experiencias adquiridas.

Todas las existencias terrenales de un espíritu, son solidarias y así como la presente encarnación es el resultado de las anteriores, nuestro estado en las futuras será determinado por nuestros esfuerzos actuales. De esta manera, somos los únicos responsables de nuestra situación feliz o desgraciada, y a nuestros esfuerzos pasados debemos el actual desarrollo de nuestra inteligencia, voluntad y virtudes. Ningún esfuerzo que hagamos será perdido, todos nos beneficiarán tarde o temprano; tan pronto como fructifiquen.

RESUMEN DE LA DOCTRINA ESPIRITA.—P.— ¿Podréis resumirme en pocas palabras las enseñanzas del presente capítulo?

R.—El espiritismo, apoyado en la experimentación científica de los fenómenos anímicos y medianímicos, con la ayuda de la fría razón, y llevando por guía la revelación espírita, ha comprobado que nuestro espíritu es una entidad superior al cuerpo, y que su vida no está limitada a una encarnación terrestre, sino que ha tenido y tendrá aún numerosas encarnaciones. En cada encarnación, el espíritu gana en sabiduría y virtud, y llega un momento en que, altamente evolucionado, encuentra estrecha la envoltura material e irradia hacia afuera, produciendo los diversos fenómenos anímicos y espíritas de que os he hablado.

El porvenir del espíritu es glorioso, pues su evolución es ley divina, ley inmutable que se realizará a pesar de cuanto obstáculo encuentre en su camino. A medida que el espíritu evoluciona, aumentan sus percepciones, sus motivos de felicidad y va dejando en el olvido los sufrimientos causados por sus anteriores imperfecciones.

La evolución es lenta y penosa, pero de nosotros depende hacerla rápida, desprendiéndonos más pronto de las causas que nos hacen sufrir, y aumentando las que producen nuestra felicidad.

CAPITULO II.

PARTE HISTORICA

P.—Me habéis dicho que la doctrina espírita proviene hasta cierto punto de la revelación, y esto me mueve a preguntaros, ¿qué debemos entender por revelación?

R.—Los seres todos que habitamos este mundo, somos creaturas de Dios, que, como Padre cariñoso, vela siempre sobre nosotros y como potente imán, nos atrae hacia EL, para favorecer nuestra evolución.

Para lograr su objeto, ha dispuesto una gran solidaridad entre todas sus creaturas, obligándolas a ayudarse mutuamente. Así, cada uno de nosotros ayuda, tiende la mano, a los que vienen detrás de él; y es ayudado y atraído por los que van delante.

Así como en cada familia converge el poder al director natural de ella, que es el padre, en las iglesias al sacerdote, y en las naciones al jefe del gobierno, asimismo el mundo es gobernado por grandes espíritus, que aunque invisibles, ejercen influencia decisiva en los destinos de la humanidad.

Mientras estos grandes espíritus permanecen en el espacio, no siempre ejercen sobre los encarnados una acción tan eficaz como desean, y en ciertos casos, encarnan en este mundo para acelerar su evolución, dirigiéndola por senderos para ellos conocidos.

Generalmente han venido a descorrer ante los ojos de la humanidad el misterioso velo del más allá, revelándole el origen y destino de las almas, y el medio de conquistar la felicidad suprema. Con su abnegado ejemplo han predicado la virtud y su eficacia para curar los males del alma; con su poderosa voluntad y su inteligencia superior, han arrastrado a la humanidad hacia sus grandes destinos, enseñándole el camino que ha de seguir para evolucionar más rápidamente y conquistar más pronto esa felicidad sin mezcla alguna, anhelo supremo de la humanidad, y que sólo se encuentra conociendo y cumpliendo las leyes divinas.

P.— Siendo éste el origen de la revelación, ¿por qué existe tan gran divergencia entre las diversas religiones?

R.— Estas divergencias no son sino aparentes y de poca importancia. El fondo de todas las grandes religiones es el mismo, pero las enseñanzas y doctrinas de los grandes maestros, de los misioneros divinos que han visitado este mundo, aunque iguales en el fondo, han sufrido grandes alteraciones según los pueblos que las han adoptado. La verdad es siempre la misma; pero cada pueblo la ve con el lente de sus costumbres y preocupaciones, y le da un colorido distinto. Por este motivo, observamos que aún la misma religión es interpretada de un modo diferente en cada uno de los pueblos o razas que la han adoptado. Así por ejemplo, el Cristianismo, es observado de un modo muy distinto entre las diversas sectas protestantes y las católicas.

Con el espiritismo pasa también algo semejante, pues los espíritas ingleses y anglo-americanos no admiten la doctrina de la reencarnación, que es la base del Espiritismo en el continente Europeo y en las Repúblicas Latino-Americanas.

Del Buddismo existen sectas tan numerosas y divergentes entre sí, según los diversos pueblos asiáticos que lo han adoptado, que mientras algunas profesan el más puro espiritualismo, otras han descendido al materialismo.

P.— ¿Podrías citarme cuáles son los misioneros divinos que más influencia han ejercido en la humanidad?

R.— La historia registra en sus anales desde el nombre de Rama, que a la cabeza de la raza aryana invadió, conquistó y civilizó la India; pero indudablemente, los que han ejercido mayor influencia en la humanidad, son Christna, Hermes, Moisés y Jesús.

CHRISTNA.—P.— Os suplico me hagáis una breve exposición de la doctrina de Christna.

R.— Hace como 5,000 años apareció en la India, Christna, hijo de la Virgen Dévaki. Predicaba la existencia de un solo Dios, la inmortalidad del alma, su progreso a través de múltiples reencarnaciones y deducía de tales enseñanzas la moral más pura.

DIOS.— Hablando de Dios, decía que ocupaba todo el Universo, pero que ""únicamente el infinito puede comprender al infinito y al espacio; que sólo Dios puede comprender a Dios.""

INMORTALIDAD DEL ALMA.— Sobre la inmortalidad del alma decía: El cuerpo, envoltura del alma que hace de él su morada, es una cosa finita, pero el alma que lo habita es invisible, imponderable, incorruptible y eterna. El hombre terrestre es triple como la divinidad que refleja: inteligencia, alma y cuerpo. Si el alma se une a la inteligencia, obtiene la sabiduría y la paz; si permanece incierta entre la inteligencia y el cuerpo, es dominada por la pasión, y gira de objeto en objeto en un círculo fatal; si se abandona al cuerpo, cae en la demencia, la ignorancia y la muerte temporal.

REENCARNACIÓN.— Sobre la doctrina de la reencarnación se expresa en los siguientes términos:

El alma, aún después de la muerte, obedece a esta ley (I), lo cual determina el misterio de las reencarnaciones. Como las profundidades del cielo se abren a los destellos de los astros, así las profundidades de la vida se iluminan con la luz de esta verdad. Cuando el cuerpo se ha disuelto, si la sabiduría ha predominado, el alma vuela a las regiones de esos seres puros que poseen el conocimiento del Altísimo; en cambio si la pasión es la que domina, el alma vuelve de nuevo a habitar entre aquellos que se han adherido a las cosas terrestres.

En otra parte, en términos que deben inspirarnos serias reflexiones, decía Christna: Yo y vosotros, hemos tenido múltiples reencarnaciones. Las mías sólo de mí son conocidas, mientras que vosotros no conocéis ni siquiera las vuestras. Aunque por mi naturaleza no estoy obligado a nacer o morir y sea el amo de todas las creaturas, como tengo dominio sobre mi naturaleza, me hago visible por mi propio poder, y cada vez que la virtud declina en el mundo y el vicio y la injusticia predominan, me hago visible, y así me muestro de tiempo en tiempo, para la salvación del justo, la destrucción del malo y el restablecimiento de la virtud.

MORAL.— La moral predicada por Christna, sólo puede compararse con la de Cristo. Os cito en seguida algunos de sus preceptos:

Los males con que afligimos a nuestro prójimo nos persiguen como nuestra sombra sigue a nuestro cuerpo. Las obras cuyo móvil es el amor al semejante, deben ser ambicionadas por el justo, pues serán las que más pesen en balanza celeste. Si frecuentas a los buenos, tus ejemplos serán inútiles; no temas vivir entre los malos para atraerlos al bien. El hombre virtuoso es parecido al gigantesco multiplicante (I), cuya sombra bienhechora da a las plantas que lo rodean, la frescura de la vida. Así como la tierra soporta a los que la huellan con los pies y le rasgan el seno al labrarla: así nosotros debemos volver bien por mal. El hombre de bien debe caer bajo los golpes de los malos, como el árbol de sándalo que perfuma el hacha que lo hiere.

HERMES.—P.— ¿Qué podríais decirme de la doctrina de Hermes?

R.— Hermes existió en el Alto Egipto, y su nombre, según los más audaces investigadores en historia y arqueología, se encuentra ligado con el primer rayo de luz y verdad, con el primer impulso civilizador que haya sentido el mundo.

UNIDAD DE DIOS.— Según el señor Maspero, sabio orientalista y arqueólogo distinguido, la afirmación de la Unidad fundamental del Ser Divino se encuentra expresada en términos formales y de gran energía en textos que se remontan a muchos miles de años antes de la era cristiana: Dios es el único que vive en substancia, el único generador en el cielo y en la tierra que no haya sido generado.

A la vez Padre, Madre e Hijo, El engendra, da a luz, Es perpetuamente: estas tres personas, lejos de dividir la unidad de la naturaleza divina, coadyuvan a su infinita perfección. Sus atributos son la inmensidad, la eternidad, la independencia, la voluntad todopoderosa, la bondad sin límites.

Según el señor Sehuré, Hermes, al hablar de Dios, se expresaba en los siguientes términos: Nuestro pensamiento no puede concebir a Dios, ni lengua alguna definirlo. Lo que es incorporal, invisible, sin forma, no puede ser apreciado por nuestros sentidos; lo que es eterno, no puede medirse por la corta regla del tiempo. Dios es inefable, es cierto que Dios comunica a algunos de sus elegidos la facultad de elevarse arriba de las cosas naturales, para percibir algunas irradiaciones de su perfección suprema, pero estos elegidos no encuentran palabras para traducir en lenguaje vulgar la visión inmaterial que los ha impresionado, y sólo han podido explicar a la humanidad las cosas secundarias que pasan ante sus ojos como imágenes de la vida universal, pero la causa primera permanece velada, y no llegaremos a comprenderla, sino pasando a través de la muerte.