Manolo Martínez, genio y figura

La época de las crisis - Vida Cotidiana

Durante su entrevista de ingreso a la Escuela de Ingeniería de Nuevo León, el director le preguntó a Manuel el porque de su insistencia para matricularse en la Escuela de Agronomía. El joven Martínez le respondió derecho: ""Porque quiero ser torero"". De esta manera lo confesó el brillante matador de toros Manolo Martínez (1946-1996) a su biógrafo Guillermo H. Cantú en 1989. ""No se como, tal vez por la decisión que vio en mi cara, me aceptó. Jamás terminé los estudios. Asistía a las clases pero mi cabeza no estaba ahí, sino en los toros"".

En sus inicios compartió y compitió con talentosas figuras como ""Joselito"" Huerta y Manuel Capetillo y con aquellos, que, ""dejaban ya sus últimos aromas como Lorenzo Garza, Alfonso Ramírez ""Calesero"" y Carlos Arruza"". Sin embargo, muy poco tiempo después se encontraría sólo en el pináculo de la gloria. En buena medida, como él mismo señalaba ""dominando los conocimientos desde abajo, lo técnico, lo fundamental. En este caso, el toro y sus posibilidades de ataque, cómo lograr que embistiera y prolongara su acometida""

Descendiente de una familia acomodada, Martínez inició sus primeros pasos de la tauromaquia a contracorriente de su propia historia. Su tío abuelo, el presidente Venustiano Carranza, había prohibido las corridas de toros durante todo su mandato. A pesar de de ello y del rechazo familiar, doña Virginia, su madre, lo apoyó y lo incitó a que demostrara su valor, pero le advirtió que si no resultaba el mejor, deberá regresar al colegio, pues ""en esa casa no hay cabida para los mediocres"".

Martínez fue el mejor por casi dos décadas. En México fue amo y dueño. Y aunque en España también tuvo éxito, su carácter provocó que sus triunfos se opacaran con fracasos. Su amigo, el poeta Renato Leduc recuerda que fuera de Madrid le hicieron la vida pesada. Le echaban los peores toros, lo multaban por despacharlos pronto, y en el colmo de la estupidez en alguna ocasión las autoridades les pidieron sus documentos durante una corrida: ""pues si quiere ver los cabrones papeles espere a que termine, porque aquí ni modo que los traiga escondidos debajo de los huevos"".

Genio y figura. Manolo gustaba ir a los desayunos políticos del Diplomático y contar sus hazañas. Muchas veces, ya vestido de luces, optaba por irse caminando hasta la plaza, buscándose mentadas de madre de aquellos que apoyaban a las nuevas figuras y que estaban convencidos de que Manolo, con el tiempo había abandonado el toreo verdad.

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