Mano dura

El Porfiriato - Vida Cotidiana

La gente se encontraba fastidiada. Los asaltos estaban a la orden del día y las autoridades eran incapaces de tomar una solución definitiva. En su número del 11 de abril de 1883, El Diario del Hogar comentaba alarmado: ""En el barrio de Santa María a los Angeles, en la larga calzada que lo forma, la inseguridad es cada día mayor, los malhechores diariamente hacen de la suyas, y se enseñorean más y más cuando están convencidos de que la gendarmería es inútil para corregir sus desmanes; unas veces porque no se apercibe de ellos y otras porque son tan contados los guardianes del orden, que están seguros de triunfar sobre ellos porque cuentan con la superioridad del número"".

La ira de los capitalinos estaba plenamente justificada: era absurdo que 410 hombres estuvieran a cargo de la seguridad de  los 300 mil habitantes de la ciudad de México. Pero resultaba más indignante que la máxima autoridad policiaca prefiriera enviar a sus hombres a garantizar la seguridad de los asistentes a una corrida de toros, que proteger la ciudad de México de los malhechores.

Con un alumbrado público deficiente, varias colonias se habían convertido en tierra de nadie, donde imperaba la ley del más fuerte y la delincuencia se solazaba frente a la incapacidad de las autoridades para resolver el problema. En el barrio de Santa María operaba una cuadrilla de bandidos conocida con el nombre de La Mano Negra que ""generalmente en las noches hacen sus correrías, cayendo a garrotazos sobre los transeúntes y quitándoles cuanto tienen, después de dejarlos exánimes y casi sin vida con tan cruel tratamiento"".

La Mano Negra no tenía límites. Al más puro estilo del ""viejo oeste"", sus miembros decidieron asaltar el tren urbano. Para detenerlo colocaron a lo largo de la vía diversos obstáculos que la máquina no pudo salvar y sobrevino el descarrilamiento. La policía nunca llegó, y tanto el maquinista como los pasajeros reaccionaron inmediatamente: antes de que los bandidos hicieran de las suyas, fueron rechazados a tiros.

Antes de que la sociedad tomara la justicia en sus manos inició el segundo periodo presidencial de Porfirio Díaz (1884-1888) y la situación cambió radicalmente. En poco tiempo erradicó la inseguridad con una fórmula infalible: frente a la ""Mano negra"" la ""Mano dura"".