Mala suerte. Encarnación Ortiz

Aires libertarios - Hechos

El rancho se levantaba cerca de San Felipe en la intendencia de Guanajuato; conocido como ""Las Pachonas"", en sus tierras florecían el maíz y varios otros cultivos. Por azares del destino y la turbulencia de los tiempos, en la década de 1810, sus dueños sembraron una semilla diferente: la libertaria, y en poco tiempo cosecharon frutos insurgentes.

Los hermanos Ortiz -Matías, Francisco y Encarnación- propietarios del rancho, dejaron la yunta y los azadones para tomar los fusiles: los tres decidieron engrosar las filas insurgentes. Entre 1813 y 1820, no hubo sitio en todo el Bajío donde no se escuchara hablar de ""los pachones"". Eran valientes en el combate aunque no muy buenos estrategas. Luchaban con fiereza y pundonor cada una de sus batallas.

Matías se había unido al doctor José María Cos y en 1813 concentró sus fuerzas con las Rafael López Rayón para derrotar a los realistas en San Miguel el Grande. Muerto en 1814, sus tropas hicieron fuerte a Francisco y a Encarnación, quienes tres años después se unieron a la expedición de Xavier Mina, el idealista español, que llegó a la Nueva España a luchar por la independencia.

Encarnación vio morir en combate a su segundo hermano y antes que claudicar siguió en armas. Era un inmejorable lancero, cargaba con sus cincuenta hombres haciendo correr a los realistas; cabalgaba durante horas, recorría los viejos caminos coloniales, caía sobre partidas enemigas. Era el azote de la región.

En 1817, junto con Mina logró romper el sitio que los realistas impusieron al fuerte ""El Sombrero"" y tiempo después, lo acompañó en un intento fallido por tomar, -como en tiempos de Hidalgo- la célebre ciudad de Guanajuato. En noviembre de ese año se enteró del triste desenlace de Mina frente a un pelotón de fusilamiento. Incansable, el último de los pachones siguió en pie de guerra con una sola motivación: ver consumada la independencia.

Al enterarse de la proclamación del plan de Iguala en 1821, Encarnación dejó el retiro otorgado por el indulto y con el fusil al hombro, se sumó a las tropas trigarantes de Agustín de Iturbide. Su futuro parecía promisorio. Con cada día que transcurría más hombres se sumaban a la causa de la independencia y la paz se alcanzaba a divisar.

El 19 de agosto de 1821, Encarnación fue enviado al pueblo de Azcapotzalco a librar la última batalla de la independencia, y aunque la victoria final fue para el ejército Trigarante, la fortuna decidió abandonarlo ese día: en medio del combate, ""el pachón"" cayó atravesado por las balas realistas. Como una mala broma del destino, sólo cinco días después se firmaron los tratados de Córdoba que anunciaron la paz y la consumación de la independencia.