Los Presidentes en Los Pinos III

La época de las crisis - Hechos

Luis Echeverría Álvarez (1970-1976)

La mexicanidad llegó a Los Pinos durante el sexenio de Luis Echeverría. Fue uno de los periodos en que la decoración del mobiliario sufrió los mayores cambios.

La idea era transmitir que, el presidente, se desenvolvía en un ambiente puramente mexicano. Los viejos sillones fueron retirados y en su lugar se colocaron equipales; en las recepciones se dejaron de servir bebidas extranjeras y en cambio, imperaron, las aguas frescas muy al estilo mexicano.

El presidente Echeverría no perdió ni un minuto y el día de su toma posesión, en esa misma jornada, realizó la mudanza de su antiguo domicilio a Los Pinos. Los muebles europeizados desaparecieron. Los nombres de los antiguos salones cambiaron por el de lugares mexicanos, como el salón Colima. El bacarat fue sustituido por la madera tallada y el hierro forjado color negro. Se hicieron unos arcos de tres puntos para comunicar todos los salones que dan al hall central y en el salón que está al oriente, el contiguo al comedor, se construyó una chimenea de tabicón y cantera. Además de que toda la casa fue adornada con plantas y ramos de flores. Había un salón llamado Taxco, que estaba adornado con muebles hechos por artesanos de esa región. A la colección de arte de Los Pinos se añadieron obras de Chávez Morado, Olga Acosta, Nierman, el doctor Atl y los pisos fueron cubiertos con tapetes de Temoaya.

La mexicanización de Los Pinos fue realizada a instancias de la ""compañera Esther"" como le decía el presidente a la primera dama, y del propio presidente, que puso de moda las guayaberas, prenda utilizada en la mayoría de sus giras por los estados de la república. En una cena ofrecida al Sha de Irán, doña Esther llegó vestida como ""adelita"", a partir de entonces, la primera dama pedía a las esposas de los miembros del gabinete que a los eventos en Los Pinos asistieran vestidas con trajes típicos.

Uno de los cambios más importantes en cuanto al uso y funcionamiento de Los Pinos, se dio durante este sexenio. Debido a ciertas obras de restauración que se iniciaron en Palacio Nacional, el presidente Echeverría comenzó a despachar todos los asuntos oficiales en Los Pinos. Se inició así, el uso de la gran explanada del jardín y los salones Adolfo López Mateos y Venustiano Carranza para los actos oficiales.

José López Portillo (1976-1982)

Durante su sexenio, los cambios arquitectónicos fueron mínimos no así el de la utilización de los espacios. El presidente estableció su despacho presidencial en uno de los salones que se encontraba en la planta baja al lado derecho de la escalera central. López Portillo respetó en gran medida, la decoración realizada por su antecesor, Luis Echeverría.

Al salón Venustiano Carranza, se le adaptaron varios despachos y oficinas que permitieron al presidente acudir cada vez menos a Palacio Nacional -tradición que inició su antecesor-, cuando el tránsito capitalino comenzaba a convertirse en un problema y resultaba más conveniente permanecer en Los Pinos.

En los primeros meses del sexenio habían intentado secuestrar a Margarita López Portillo, hermana del presidente. Por razones de seguridad, don José decidió llevar a Los Pinos a sus familiares más cercanos, incluyendo a su madre, sus hermanas, sobrinos y familia política. La residencia Lázaro Cárdenas fue transformada una vez más y las oficinas desaparecieron para convertirse en la casa de doña Refugio, madre del presidente, que la ocupaba junto con sus hermanas Alicia y Margarita.

En la residencia Miguel Alemán se instalaron el presidente con su esposa, Carmen Romano, y sus tres hijos, aunque la difícil relación matrimonial fue determinante para que López Portillo ocupara el ala derecha de la casa y doña Carmen el ala izquierda con respecto a la escalera principal de la residencia. Conforme se casaron los hijos del presidente, los tres en su sexenio, se construyeron pequeñas cabañas realizadas por el arquitecto Artigas, en la parte baja de los amplios terrenos de Los Pinos.

Por instrucciones del presidente se construyó un picadero y un gimnasio en la parte orientada hacia Molino del rey. Por si fuera poco, se instaló un tren eléctrico que permitía trasladarse con rapidez dentro del predio.

Miguel de la Madrid Hurtado (1982-1988)

Quizá la transformación más importante ocurrida en Los Pinos durante el sexenio de Miguel de la Madrid se dio en un sentido político. El Palacio Nacional cedió su lugar preponderante como la casa ""del poder"" y transmitió esa vocación, por completo, a Los Pinos. De ahí que las modificaciones realizadas tuvieran como fin, acondicionar los espacios, las construcciones y la seguridad, para que el presidente ejerciera el poder desde aquel paraje en el bosque de Chapultepec.

Para empezar, en la antigua casa del general Lázaro Cárdenas se establecieron las oficinas de la secretaría particular y del Estado Mayor. Se acondicionaron dos salones: el Morelos, utilizado para recibir a los jefes de estados extranjeros y el presidente Juárez, en el cual, se encontraba el célebre óleo de don Benito y donde despacharon los presidentes de la república de 1982 al 2000. Tras esos muros del segundo nivel de la residencia Cárdenas, los presidentes de la Madrid, Salinas de Gortari y Zedillo tomaron las grandes decisiones del país al finalizar el siglo XX.

En otra de las casas se establecieron las oficinas del jefe del Estado Mayor Presidencial, la oficina de la Dirección de comunicación social, la Secretaría privada, el Destacamento, la Subjefatura operativa del Estado Mayor Presidencial y la subjefatura de administración del mismo.

El aspecto externo de la residencia oficial también sufrió modificaciones importantes, permanentes hasta la actualidad. La fachada fue pintada de blanco, se colocó el enorme escudo nacional en bronce arriba de la puerta principal y se retiraron dos torreones que daban un aspecto militar a la construcción. Además se mejoró la vialidad de Parque Lira convirtiéndola en una vía rápida, al menos en el tramo que corre frente a Los Pinos.

Carlos Salinas de Gortari (1988-1994)

Las modificaciones durante la administración salinista fueron pocas y sobre todo en la casa Cárdenas, en cuyo segundo piso, estaba el despacho presidencial. Se ordenó la construcción de un enorme ventanal de piso a techo del mismo despacho, para tratar de recuperar la vista al bosque y los jardines, como era costumbre en los primeros años del siglo XX, cuando la casa grande del rancho, distaba mucho de convertirse en residencia oficial de los presidentes.

También la residencia Miguel Alemán sufrió modificaciones. Salinas sólo utilizó el primer nivel como casa familiar. Ahí vivió con su esposa y tres hijos. La planta baja se acondicionó para el protocolo.

Ernesto Zedillo (1994-2000)

Para el presidente Zedillo fue una ventaja que dentro de la residencia oficial se encontrara su domicilio particular durante los siguientes seis años y las oficinas de gobierno. ""El hecho de trabajar cerca de la casa tiene la ventaja de poder estar con los hijos y con mi esposa bastante tiempo -expresó en una entrevista el entonces presidente Zedillo-; aunque no parezca, se puede uno escapar de la oficina en momentos fijos como la hora de la comida. Usualmente comemos juntos, salvo cuando estoy fuera de la ciudad. Mi esposa y yo desayunamos casi todos los días; luego, en la noche, si llego y hay alguno levantado, platico con él, y en algunos momentos, durante el fin de semana"".

La primera dama, Nilda Patricia, se llevó buena parte de los muebles de su casa ubicada en Cruz Verde, en la Magadalena Contreras, con la idea de no ""extrañar"", el entorno hogareño que tenían antes del triunfo electoral.

Uno de los lugares más frecuentados por el presidente Zedillo era el pequeño estanque en el jardín. El mandatario solía sentarse en una banca colocada en ese lugar, pedía que se le dejara solo y pasaba varias horas reflexionando.