Los inhumanos Yedras

Aires libertarios - Hechos

En febrero de 1812, el virrey Venegas ordenó a Félix María Calleja ""dar a Morelos y a su gavilla un golpe de escarmiento que los aterrorice, hasta el grado de que abandonen a su infame caudillo, si no se logra aprehenderlo"". Las instrucciones del virrey eran las de actuar con rapidez. Calleja  confió en que los insurgentes mal armados en Cuautla, un lugar mayormente formado por chozas, no resistirían a los embates de su disciplinada tropa.

Cuautla estaba en absoluto movimiento. Hombres, mujeres y niños trabajaban arduamente; estaban dispuestos a morir bajo los escombros, por la causa insurgente, antes que permitir el triunfo a Calleja y tenían la convicción de que defenderían calle por calle y casa por casa. El cura Morelos, al mando de las huestes insurgentes, dispuso de sus hombres y se fortificó en la iglesia y convento de San Diego. A partir del 19 de febrero comenzó el asedio sobre la plaza y día tras días, todos los ataques realistas fueron rechazados, dejando cientos de muertos y heridos que yacían tendidos por las calles de Cuautla.

Calleja había subestimado la fuerza de Morelos, pero estaba dispuesto a todo para arrasar con los insurgentes y permitió a sus tropas todo tipo de excesos para lograrlo, ""Cuautla debe ser demolida -escribió-, y si es posible sepultados los facciosos en sus recintos… nadie se atreverá en adelante a encerrarse en los pueblos, ni encontrarán otro medio para libertarse de la muerte que el de dejar las armas; pero para esto se necesitan medios oportunos"".

Un grupo de realistas del provincial del Guanajuato, llamados yedras por el color de sus uniformes, cometieron actos atroces contra la población de Cuautla. En una de las calles del poblado las familias se resguardaron en sus chozas confiando en que las tropas de Calleja no atacarían a los civiles, pero los ""inhumanos yedras"" -que serían llamados así con el tiempo-, tratando de abrirse paso para llegar a las calles principales y esquivando las tropas de Morelos, ocuparon los corrales de las casas, entraron a ellas y arremetieron sobre las familias.

No dejaron a uno vivo, hombres, mujeres y niños fueron asesinados sin compasión. Los cadáveres de las mujeres yacían sobre sus hijos en un intento infructuoso por protegerlos. Familias completas murieron. Y, sin embargo, ni siquiera la ferocidad de los Yedras, permitió la caída de la plaza. Morelos resistió y al comenzar mayo logró romper el sitio.

A la calle donde sucedió este acto de crueldad, se le llamó Callejón Yedras. Actualmente paralela a otra que lleva por atinado nombre, Víctimas de Calleja.