Los caifanes

Cine - Obras

“La vida es la metáfora del hastío”.

Una noche de 1966, el Mazacote, el Estilos, el Azteca y el Capitán Gato, mecánicos de Querétaro, mejor conocidos como “Los Caifanes”, se fueron a pasar un fin de semana de juerga al Distrito Federal y se encontraron a un par de catrines, Jaime y Paloma, invadiendo su nave.

            “¿Qué es un caifán?”, pregunta Paloma ,“ […] es el que todas las puede”, le contesta el Capitán Gato. Como la noche era larga, Catrines y Caifanes decidieron embarcarse en una aventura Fuera del Mundo -lleno de poses cultas- para hacer jaladas: unos tragos en el Cabaret Géminis, donde el diablo la hace de mesero y los osos de bailarines; una sesión del Azteca haciendo de modisto de la Diana cazadora; una prueba de ataúdes y unos cuantos robos -una corona de muertos, una guitarra y una novia-.

“Todas [ las viejas] hieren parejo. Nomás que unas cicatrizan y otras no”.

Han pasado 50 años desde que Sergio Jiménez, Ernesto Gómez Cruz, Óscar Chávez, Eduardo López Rojas, Julissa y Enrique Álvarez Félix, dirigidos por Juan Ibáñez, rompieron paradigmas y unas cuantas reglas para regalarnos una de las películas de culto más importantes del cine mexicano.

            El guión de Los Caifanes, originalmente nombrado Fuera del Mundo, escrito por Carlos Fuentes y Juan Ibáñez, ganó el Concurso Nacional de Argumentos convocado por el Banco Cinematográfico y la Asociación de Productores y Distribuidores de Películas Mexicanas en 1965.

“Parece que le echaron agua en la gasolina porque no jala parejo”.

En aras de ser filmado, en 1966, tuvo que renunciar al premio, porque ciertas características de la producción la hacían entrar en el terreno de las producciones comerciales.

            Se filmó con muy poco presupuesto; entre eso y las movidas sindicales de la época, la realización se dificultó tanto que tuvo que pararse 15 veces, por la falta de permisos para filmar en exteriores.

            Otra de las trampas que el director se inventó para librarse del sindicato, fue la realización de la cinta por “episodios”, así disfrazó un largometraje como cinco cortometrajes llamados: “Las variedades de los Caifanes”, “Muerte y suerte”, “Quien escoge su suerte y el tiempo para exprimirla”, “Las camas de amor eterno” y “Se le perdió la paloma al marrascapache”.

“Como serás encajosa. Tú nomás ves caballito y se te ofrece viaje”.

El corto presupuesto no les impidió contar con una gran cantidad de extras glorificados como Arturo Ripstein, Tito Novaro y Alberto Dallal de invitados a una fiesta o Carlos Monsiváis interpretando a un Santaclós borracho y decadente al que en una taquería le queman la peluca, por esa actuación, el cronista hasta se ganó una estatuilla de parte de la Asociación de Periodistas Cinematográficos reconociéndolo como Mejor actor de cuadro.

            Los otros actores obtuvieron premios como el Heraldo y la Diosa de Plata por su trabajo en esta cinta “de Aliento”, como se conocía al cine que intentaba romper convencionalismos.