Los años del positivismo

La era liberal - Hechos

El 3 de febrero de 1868, el viejo edificio abrió sus puertas para recibir en sus aulas a la primera generación de estudiantes preparatorianos -inscritos en diciembre del año anterior. En los pasillos, en los patios, en cada rincón de la vieja construcción se respiraba optimismo, juventud, desenfado, libertad.

Acerca de la nueva escuela y del ambiente que nacía bajo la estrella del liberalismo triunfante, Guillermo Prieto escribió: ""Ahora está el colegio pintado y elegante: se pasean en sus corredores parvadas de polluelos, limpios, correctos, vestidos de moda, peinados con esmero, y en su apostura y desembarazo, y en su marcialidad y alegría, marcan una época nueva totalmente, en que la mugre, el encogimiento y la oscuridad, sólo figuran como risible tradición"".

Con el maestro Gabino Barreda a la cabeza de la institución no había duda de la calidad que llegaría a tener la nueva escuela. Era un hombre hecho para el conocimiento y la erudición, lo movían la curiosidad científica y la pasión por la ciencia. Entre 1847 y 1851 vivió en Europa y fue alumno de Augusto Comte -padre de la escuela filosófica positivista-. Con la experiencia adquirida regresó a México y antes de asumir la dirección de la preparatoria enseñó filosofía médica, historia natural, anatomía y patología natural. Al ocupar la Escuela Nacional Preparatoria, Barreda estaba dispuesto a impulsar el nuevo proyecto educativo cuyo fundamento era el positivismo.

Los primeros tiempos de la Escuela Nacional Preparatoria fueron difíciles. La inexperiencia hizo su trabajo. El espacio resultó insuficiente para tantos alumnos, los estudiantes se aglomeraban en los dormitorios y en el comedor, faltaba equipo científico y la indisciplina juvenil provocaba escándalos a cada rato. Por si fuera poco, no existía un sentimiento de unidad y de hermandad en torno a la preparatoria.

No era para menos, entre las innovaciones más notables, Barreda había decidido reunir en la Escuela Nacional Preparatoria, bajo un mismo techo, a los estudiantes que anteriormente asistían a sus propios colegios y entre los cuales existía cierta rivalidad. Los propios alumnos se habían dado distintos apodos: los de San Ildefonso se llamaban ""cocheros"" por el frac y el sombrero alto; los de la Escuela de Minería recibían el nombre de ""lacayos"" por los galones; los de la Escuela de Agricultura eran ""gañanes"", los del Seminario ""mulas"". Ninguno se escapaba de su sobrenombre.

Causó extrañeza -escribió Juan de Dios Peza- que obligaran a vivir bajo un mismo techo, a comer el mismo pan y a asistir a las mismas cátedras a jóvenes de opuestos gremios, con razón juzgados como enemigos irreconciliables[…]. En los años anteriores cada colegio tenía su uniforme, con el cual asistían los alumnos a las ceremonias civiles y religiosas, seguros de entrar en descomunal combate con los adversarios, pertenecientes a otros institutos. En la Escuela Preparatoria formamos los alumnos fundadores, un Congreso en el que tenían representación todos los colegios y se convino en que, para lo sucesivo, se borrarían las antiguas denominaciones, se olvidarían las rencillas y sólo nos reconoceríamos por el honroso título de ""preparatorianos"".

Barreda tuvo la sabiduría y la paciencia necesaria para consolidar paulatinamente la Escuela Nacional Preparatoria. Bajo el lema ""libertad, orden y progreso"" -pilares ideológicos del futuro Porfiriato- los estudiantes comenzaron a empaparse de un conocimiento positivista, racional, metódico y científico, donde todo debía pasar por la comprobación, de ahí que las matemáticas, la aritmética y el cálculo fueran la raíz de la educación preparatoriana -independientemente de la carrera que los estudiantes eligieran al concluir sus estudios. A juicio de Barreda, ""las matemáticas son el mejor modo de aprender la deducción y el silogismo"".

Entre las materias obligatorias se encontraban: astronomía elemental, física, química -""en donde el método experimental adquiere su más completo desarrollo y la inducción es el procedimiento lógico predominante""-, botánica y zoología y lógica. El plan de estudios se complementaba con idiomas y gramática española, era notable la ausencia de materias humanísticas porque no cabían dentro de la lógica positivista.

A los ojos de la sociedad, el plan de estudios parecía una locura. Algunos grupos conservadores veían en la innovadora institución un lugar hecho para la disipación y el libertinaje. Difícilmente podían percibir los aires del positivismo comtiano que soplaban sobre México y anhelaban la enseñanza tradicional donde la ciencia, si bien era importante, no era el fundamento de toda la instrucción.

Parecía un absurdo obligar a los futuros médicos a que aprendiesen las matemáticas [escribió Porfirio Parra]; se tenía por disparate supino el prescribir que los abogados estudiasen la química. Qué tiene que ver, se decía, con el binomio de Newton, con las ecuaciones de segundo grado o con las de primero el tomar el pulso, el escudriñar los esputos y otros desechos, el trazar récipes y demás ejercicios habituales del médico. Un diputado y político muy notable de entonces decía en la tribuna (y esto no es cuento), hablando de la inutilidad de la geometría en el espacio para los abogados, que muy poco les importaba a éstos el que las esferas volasen por el espacio o por otro sitio que a ellas les pareciese bien.

Con todo, en 1869 -a tan sólo dos años de su fundación- la Escuela Nacional Preparatoria ya gozaba del reconocimiento de buena parte de la sociedad que se reflejaba en el número de alumnos. Por entonces contaba con 500; 260 en el primer año, 120 en el segundo, 43 en el tercer año y 80 en el último.

Guillermo Prieto saludaba con entusiasmo el desarrollo ascendente de la institución dirigida por Barreda:

La Escuela Preparatoria, situada en el ex convento de San Ildefonso, bajo la dirección del Sr. Gabino Barreda, ha hecho notables progresos en el poco tiempo que lleva de instalada, y combatida por todo género de vaivenes desde el día de su nacimiento[…] Una vigilancia que no degenera en espionaje, un espíritu de orden que no coarta la alegría; la higiene y la salubridad cubiertos hasta con los disfraces del solaz y del juego, tal es la Escuela Preparatoria, y tal el estado que guarda; lo que convendrá tengan presente los padres de familia; imbuidos de otras ideas por los amigos que tiene el retroceso y por la persecución sorda que es natural encuentre toda grande innovación.

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