Las voces de la W

La reconstrucción - Vida Cotidiana

 

En 1933 se inauguraron los famosos estudios de la calle Ayuntamiento de la XEW. Entonces, don Emilio negoció con un joven compositor, uno de los talentos que Azcárraga orientó en su camino al estrellato. “Un día mi tío Emilio le compró un carro rojo convertible a Agustín Lara”, cuenta don Jorge Rivero en entrevista para el libro Un empresario ejemplar,  “todos le reclamaron a mi tío. ¡Cómo se te ocurre gastar tanto dinero en un carro y un carro para ese músico! […]contestó: ‘ese carro le dará prestigio y le ayudará para que la gente lo identifique, la consecuencia es que él aumentará su entusiasmo por componer y ampliará su repertorio y todos querrán escuchar al músico – poeta’”.

 Lara consiguió no solo un coche, sino también su propio programa de radio en el que estrenaba una canción a la semana. Era recibido por una alfombra que lo conducía a un estudio con su piano.

 Los locutores eran personajes clave para mantener viva la atención de la audiencia. Todos tenían voces y estilos que los diferenciaban entre sí. Pedro De Lille fue el primer locutor consagrado de la W. Otras voces destacadas fueron: Álvaro Gálvez “el Bachiller”, Arturo de Córdova, los cronistas deportivos: Pedro “el Mago” Septién y Pepé Alameda, entre muchos otros, cuyos timbres seducían a familias enteras que se congregaban para dejarse llevar por lo que las ondas radiofónicas les ofrecían: canciones, comentarios y estrujantes historias que se dramatizaban a través de las radionovelas.

 La primera radionovela en México fue Los tres mosqueteros, transmitida en 1932, pero no fue hasta 1941 cuando comenzó el boom de las melodramas radiofónicos con Ave sin nido cuando la actriz Emma Telmo zarandeó los sentimientos de todo el país con su interpretación, acompañada de los galanes de radionovelas como Manuel López Ochoa y Edmundo García.

 Le siguieron producciones como Anita de Montemar, Magdalena o Una flor en el pantano, Angelitos Negros, Chucho el Roto y un sinfín de historias que eran patrocinadas por empresas de jabones, perfumes y otros artículos de limpieza. “Usted abre la boca y vende Colgate Palmolive”, le decían a la Emma Telmo cuando intentaba acudir a alguna fuente de trabajo que no fuera la XEW en donde gozaba de un contrato de exclusividad.

Era la década de los cuarentas. La radio inmersa en un país ansioso de imaginar y de sentir.  “Tú lloras Emma”, le pregunta Bertha Zacatecas a la actriz en entrevista, “Lloré tanto con las radionovelas que se me secaron las lágrimas”.

A pesar de ser la gran estrella de los radiodramas, Telmo reconoce que su época fue también la más difícil: “es un gran privilegio ser pionera […], pero tiene un inconveniente también: la injusticia. Al principio nos pagaron unos sueldos de miseria; cuando estos mejoraron, ya los pioneros estábamos olvidados”.