Las torres de Satélite (1958)

Arquitectura - Obras

 

A comienzos de la década de los cincuenta, bajo la presidencia de Miguel Alemán Valdés, México empezó a transformarse; se planearon proyectos urbanísticos de grandes dimensiones, las estrechas calles dieron paso a grandes construcciones y avenidas, creando un nuevo modelo que imitaba el estilo de vida norteamericano de los suburbios.

En este contexto, Ciudad Satélite fue muestra de la modernización industrial del país. Ubicada al noroeste de la ciudad de México, pertenece al municipio de Naucalpan de Juárez y fue concebida como un fraccionamiento residencial, un barrio “orgánico,” un “satélite” por influencia del arquitecto austriaco Herman Herrey en los años cuarenta, sin esquinas ni ángulos rectos. El Banco Internacional Hipotecario fue la institución promotora del fraccionamiento.

En agosto de 1957 una carretera conectó por primera vez la ciudad de México con su zona periférica. La nueva vialidad fue anunciada como una puerta al futuro; iba desde la Fuente de Petróleos (PEMEX), en el Paseo de la Reforma, hacia el norte, hasta la zona de parcelas de la hacienda del Pirul y el rancho el Cuquio.

El arquitecto y urbanista mexicano Mario Pani fue el encargado del proyecto de Ciudad Satélite, fundada en 1957. La urbanización del fraccionamiento fue vanguardista pues rompió con los cánones establecidos por la política urbana de la ciudad. Pani, a su vez, encargó al arquitecto Luis Barragán que diseñara el acceso principal, la puerta de entrada, a tal desarrollo.

Barragán invitó a participar en el proyecto a dos de sus grandes amigos: el escultor Mathías Goeritz y el pintor Jesús Reyes Ferreira. La idea primaria era crear una fuente o varias, pero pronto fue sustituida por la de erigir una escultura urbana de grandes dimensiones como metáfora de la ciudad moderna. Barragán y Goeritz comenzaron a trabajar en un concepto con enormes volúmenes, un ejercicio estético del paisaje contemplado para ser apreciado en movimiento desde la carretera. La idea que se planteó en un inicio es que fueran siete columnas; sin embargo, por reducción de presupuesto, se optó por sólo cinco.

En un viaje a Italia, Mathías Goeritz se detuvo en el poblado de San Gimignano, en la Toscana, fundado en el Siglo III. El pueblo cuenta con 13 torres que las familias elevaban lo mismo para protegerse de invasiones que para demostrar su poder económico, se llegaron a edificar 72 torres; su distribución, elevación y armonía le valieron a ese poblado el obtener la declaratoria de Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO. Así, Italia fue la inspiracion para concebir en 1957 el conjunto de las Torres de Satélite.

Las Torres que se convertirían en el símbolo icónico de la moderna Ciudad Satélite fueron inauguradas el 1 de marzo de 1958 sirviendo de puerta de entrada a la nueva ciudad que estaba en proceso de urbanización. En agosto de ese año fue lanzada la campaña de publicidad para la venta de los lotes.

Un boulevard de 28 millones de pesos”, “La ciudad del mañana está aquí hoy”, decía la leyenda de la publicidad en Excélsior en el 1957. A los lados de la vialidad sólo había terrenos baldíos. La venta de los lotes hacía hincapié en su conectividad en términos de vialidad:

“Ciudad Satélite, la obra urbana más importante de nuestros tiempos, la apertura oficial de esta gran supercarretera es una razón más que justifica el rendimiento excepcional de las inversiones en Ciudad Satélite, la rapidez y seguridad de sus importantes vías de acceso, la conveniencia de elegir enseguida su lote.”

La venta de lotes realizada por el Banco Internacional Inmobiliario estaba enfocada por sectores. La publicidad, dirigida a las mujeres capitalinas rezaba:

“Señora, usted tiene la palabra: Satélite es algo completamente nuevo, no es un simple fraccionamiento, no es una ciudad moderna con vida propia, visítenos y conozca las súper manzanas integradas con servicios al alcance de su mano, la seguridad que brinda su sorprendente sistema de calles, el gran centro comercial, los gigantescos parques y tantas cosas más. Es lo único digno de usted y su familia”.

Ese barrio ofrecía lotes bien delimitados, con calles terminadas, tomas de agua, conexión a los drenajes, con electricidad, líneas telefónicas y tomas de gas. Los nuevos colonos elegían su predio “chico, mediano y grande” a pagar en seis años y edificar su vivienda.

Al paso de los años, se tuvo que alargar el plazo de pago de los predios a siete años, nacieron nuevos fraccionamientos en torno a Ciudad Satélite, y el periférico pasó de ser un camino poco transitado a tener un aforo de 300 mil automóviles diarios.

En cuanto al color de las Torres, ha cambiado desde su construcción en 1957.  Jesús Reyes Ferreira asesoró la gama cromática original de las Torres de Satélite; en un principio se tendrían sólo matices de colores naranjas, sin embargo, tuvo que modificarse a blanco, amarillo y ocre. Hacia 1968 se agregarían el rojo y el azul en honor a los colores de los aros olímpicos. En 1989 Goeritz participó en una restauración de las torres, pero falleció antes de estipular los colores definitivos. Actualmente conforma las Torres: la figura de color rojo es la más alta con 52 metros; luego dos blancas, la azul y la de color ocre, la más baja con 30 metros.

La más reciente remodelación de las Torres de Satélite fue en 2007, cuando se cumplió el cincuenta aniversario de su inauguración. El ayuntamiento de Naucalpan invirtió un millón de pesos para rehabilitar las cinco torres y una empresa de pinturas donó el material para retocarlas. Además se les agregó iluminación.

En 2009, sin embargo, las Torres fueron sometidas a debate debido a que el gobierno del Estado de México intentó recortar la explanada del monumento para abrir espacio y construir el paso del Viaducto Bicentenario. Ante la polémica, la Secretaría de Educación Pública (SEP) emitió una disposición de conformidad con el Plan Nacional de Desarrollo 2007-2012, en la que se indica que las Torres de Satélite ya son oficialmente Monumentos Artísticos según se decretó en el Diario Oficial de la Federación. Dicha disposición indica que declarar como Monumentos Artísticos a las Torres de Satélite es para preservar esta obra pues constituyen la riqueza cultural de México.