Las calles de antaño

Datos Curiosos

Alejandro Rosas

En otros tiempos, Corregidora y 16 de septiembre fueron calles de agua. Para transitar por ellas era necesario hacerlo en canoa. En su trazo corría una de las siete grandes acequias de la ciudad que sobrevivieron a la conquista de México: la llamada acequia Real o del Palacio. Logró resistir el embate de los hombres y sus aguas encontraron su cauce natural desde la época prehispánica y hasta finales del XVIII.

           Por la acequia real llegaban las flores, los alimentos y todos los productos de los pueblos lacustres cercanos a la ciudad de México: Santa Anita, Ixtacalco y Xochimilco. Decenas de canoas surcaban cotidianamente el canal que pasaba frente a la plaza mayor y las casas del cabildo y proseguía hacia el poniente hasta unirse a otra acequia que corría por San Juan de Letrán en dirección norte-sur.

           En la parte que corría de la plaza mayor a San Juan de Letrán, la calle de agua tenía diversas denominaciones comenzando por Tlapaleros. El tramo siguiente se denominaba del Refugio, luego Coliseo Viejo hasta el Colegio de Niñas, a cuyas espaldas se formaba el callejón de Dolores en colindancia con el convento de San Francisco. Tlapaleros era el primer tramo de la calle en dirección oriente-poniente. Ahí estuvo ubicado el portal de la fruta a fines del siglo XVII, y durante el XIX se engalanó con el Hotel la Gran Sociedad en el siglo.

            Mientras la acequia estuvo abierta, en ella se arrojaban desperdicios y basura. Una vez cubierta y a falta de carros de limpia, comenzaron a aglomerarse las inmundicias estorbando el paso y haciendo de los maleantes el lugar idóneo para sus fechorías. Para evitar que la gente siguiera ensuciando la calle, a un jesuita de nombre Francisco Javier Lazcano se le ocurrió limpiar el tramo y colocar un pequeño altar con la imagen de la virgen del Refugio para ver si con la intercesión divina la gente respetaba la nueva calle del Refugio. 

            Coliseo Viejo debía su nombre a la construcción de un teatro de madera quemado en el año 1722. Había sido erigido para ayudar con las ganancias al Hospital Real de Indios, ubicado en esta misma calle. Parece que la importancia de la obra o el tráfico que se creaba en esa acequia hicieron que entre 1753 y 1754, don Juan Francisco de Güemes y Horcasitas, primer conde de Revillagigedo mandara cubrir con una bóveda desde el Coliseo hasta la Diputación (el Zócalo).

            Independencia fue abierta atravesando el convento de San Francisco en 1856. Esto constituyó una especie de castigo impuesto a la comunidad franciscana, en razón de haberse descubierto el día 14 de septiembre del año 1856 una conspiración contra el gobierno. El presidente Ignacio Comonfort decidió partir el magno convento, dejando sólo la parte principal y la Iglesia. En la segunda mitad del siglo XIX, cada una de las calles cedió su nombre para recibir una sola denominación: 16 de septiembre.