La última oportunidad para la ley: las elecciones de 1910

El Porfiriato - Hechos

El 1 de septiembre de 1910, una comisión de políticos opositores al gobierno de Porfirio Díaz dejó un grueso legajo en manos del Oficial Mayor de la Cámara de Diputados.

Eran los miembros del Comité Ejecutivo Electoral del Partido Antirreelecionista que aún quedaban libres o que no habían renunciado tras la persecución que el gobierno había desatado en su contra. El comité tenía asignada la consigna de seguir todos los trámites legales necesarios hasta que el proceso electoral de ese año quedara concluido.

Por ello, no obstante que los resultados oficiales daban el triunfo a la fórmula Porfirio Díaz-Ramón Corral, que el comité había sido reorganizado y que los sobrevivientes estaban convencidos de que sus esfuerzos eran inútiles, se hicieron todos los preparativos para presentar a la Cámara de Diputados un documento en el que pretendían demostrar por qué las pasadas elecciones eran inválidas y donde solicitaban, en consecuencia, su anulación.

Habían esperado a que los colegios electorales hubieran emitido sus resultados, también habían esperado a que su jefe, Francisco I. Madero, preso en ese momento en San Luis Potosí, hubiera terminado toda negociación posible con el régimen. Es decir, habían dejado madurar las circunstancias legales oportunas para dar el siguiente paso. Sin embargo, en el aspecto político los problemas al interior del grupo precipitaron otras decisiones.

Por un lado, Francisco Vázquez Gómez, compañero de campaña de Madero y candidato opositor a la vicepresidencia, llamó a los antirreeleccionistas, por medio de la prensa, a aceptar los resultados comiciales y a dar por terminado el proceso, provocando divisiones, enfrentamientos y desconcierto entre éstos. Por otro lado, la reorganización de la mesa directiva del partido puso en peligro su existencia pues dio lugar a renuncias anticipadas, a desaprobaciones de nombramientos y a la lucha el manejo de los pocos recursos y por la dirección de su periódico, El Constitucional.

Ante la dificultad de unificar criterios y acciones, Madero tuvo que hacer pública, desde su cautiverio, su postura con respecto a los resultados electorales, a la actitud de Vázquez Gómez y a la posibilidad de aceptar la reelección de Díaz a cambio de un vicepresidente antirreeleccionista. Sus palabras fueron contundentes:

En este caso -decía a la prensa- nuestra línea de conducta no es dudosa, debemos preferir una derrota completa a un arreglo que tenga por base traicionar los intereses del pueblo que ha depositado en nuestras manos su confianza (...) Así que nosotros los anti-reeleccionistas no podemos honradamente sino protestar contra tal elección y considerarla ilegal.

Tras esta declaración, el comité pidió todos los clubes locales que enviaran a la capital las actas-protesta que debieron haber levantado el día de los comicios. El presidente en funciones del comité, Federico González Garza, viajó a San Luis Potosí para entrevistarse con Madero y afinar detalles del documento por medio del cual pedirían la anulación de las elecciones.

El grueso del expediente, que sus autores llamaron Memorial, consistía en un texto redactado por el comité al que se le anexaban documentos probatorios de lo que allí se asentaba.

En la primera parte de la argumentación, se describían las actividades realizadas por los antireeleccionistas desde que Díaz prometió al pueblo libertad para elegir a sus gobernantes; se exponían también las dificultades que enfrentaron en la ultima parte de la campaña, particularmente con la aprehensión de su candidato a la presidencia; asimismo, se describía la situación irregular que reinó durante las jornadas electorales, desde la violencia y las amenazas sobre los elementos independientes, hasta la calificación ""automática"" de los resultados, pasando por muchas otras arbitrariedades.

En seguida se incluían extractos de los documentos probatorios que acompañaban al Memorial con el fin de dar contundencia al alegato. Más adelante, se exponían cinco causas de nulidad: la violencia ejercida por la fuerza pública o por autoridades sobre las casillas electorales, las amenazas graves de autoridades, la falta de mayoría de votos que no pudieron haber obtenido los candidatos oficiales si se restaran los votos que obtuvieron los antirreeleccionistas, el fraude consistente en simular padrones, suplantar firmas hasta de ciudadanos ya fallecidos, llenar boletas respaldándolas con falsos sufragios, etcétera, y la falta de un requisito legal en el electo o el estar comprendido en las prohibiciones de la Constitución general o de la ley electoral.

Por último, se formulaban cuatro peticiones: que se le diera acuse de recibo en tiempo y forma, que fuera examinado y se hicieran los dictámenes correspondientes, que se le diera lectura en la segunda junta preparatoria y que se declararan nulas las elecciones.

El problema de la nulidad, la legitimidad y la revolución

En el momento en que se argumentaban las causas de nulidad, los antirreeleccionistas descalificaban a la Cámara, su interlocutor, al considerarla ilegítima. Con esto se metían en un callejón sin salida: ""Nos vemos obligados ( ..) -asentaban- a ir a pedir justicia a nuestros mismos enemigos, que es lo mismo que pedir lo imposible"".

¿Qué sentido tenía entonces presentar ese u otro documento pidiendo la nulidad de las elecciones? Vista con cuidado, la petición no era tan ociosa. Lo importante era el hecho mismo de formular el Memorial y provocar una respuesta. Se trataba, en cierto modo, de una trampa para llevar al régimen a abrir la última puerta legal a las exigencias democratizadoras, de medir la elasticidad del sistema político, de hacerlo llegar hasta sus límites.

Federico González Garza, uno de los autores del documento, diría en 1936 que éste era ""un último y desesperado esfuerzo usando de medios pacíficos, para que sus enemigos, especialmente el General Díaz, volvieran a la realidad y a la razón"". Por su parte, Juan Sánchez Azcona en 1932 afirmaba que el agotamiento ""hasta el extremo de todos los recursos legales"" dejaba al pueblo sólo dos caminos a seguir: ""el de la sumisa resignación o el de la gallarda rebeldía. Roque Estrada, en 1912, era mucho más contundente al respecto: ""nosotros cumplíamos con nuestro deber: primero la propaganda ?...?; luego la lucha en los comicios y la evolución legal de la causa, para evidenciar al fin el derecho y la obligación de legítima defensa: la insurrección. La fuerza se repele con la fuerza"".

El documento nada legitimaba por sí mismo, pero era un elemento de gran importancia para justificar una acción posterior, de hecho, en su momento, respaldaría legalmente al Plan de San Luis. Así lo entendió el propio Madero, por lo que recomendó su difusión entre la prensa independiente y financió su edición como folleto de propaganda.

El Memorial fue acompañado con otras acciones. El 11 de septiembre de 1910, el comité convocó a una manifestación de protesta, pero la muchedumbre que asistió, enardecida, se salió de control y se atrevió a lo inaudito: apedrear la casa del dictador. Se planeó también sabotear la celebración oficial del ""Grito"" el día 15 infiltrando simpatizantes opositores entre los asistentes para organizar desde allí una protesta espontánea que catalizara el descontento popular.

Pronto la situación se hizo insostenible para los antirreeleccionistas: la represión aumentaba de tono, como ocurrió a mediados de septiembre en Zacatelco y San Toribio, Tlaxcala, donde fueron disueltas violentamente otras manifestaciones; el pueblo oaxaqueño se unía al estado de insubordinación relativa al pedir la nulidad de las elecciones para Gobernador; en la capital, la nueva mesa directiva del partido daba muestras de desgaste y transacción con el gobierno declarándose seguidora de la paz y respetuosa de la ley. .

Tres días después de que el legislativo desechó la petición de nulidad (27 de septiembre), el comité se disolvió. Apenas transcurridos unos días Madero y Roque Estrada huían hacia San Antonio, Texas. En menos de tres semanas el autor del Memorial y otros antirreeleccionistas se les unían para preparar la revolución.

Entonces el discurso daba paso a las acciones.