La segunda guerra mundial y el cine mexicano

Cine - Obras

Sandra Molina Arceo

La segunda guerra mundial significó un importante impulso a la industria cinematográfica mexicana. El conflicto propició que disminuyera drásticamente la producción de películas en países como Estados Unidos o Francia. Sonó la hora del cine mexicano, de pronto saltaron a la fama directores, guionistas, actores, actrices y compositores, fue el momento cumbre de toda la época de oro del cine mexicano.

     Durante la guerra, Estados Unidos buscó una alianza continental frente a las potencias del Eje. Alentó el panamericanismo, incluso en el cine y en la música, lo que permitió a México convertirse en un gran exportador de películas y obras musicales. Las cintas mexicanas se distribuían en Latinoamérica y la música sonaba en todo el continente.

     La imagen de Jorge Negrete o de Pedro Infante, la de Cantinflas, María Félix o Dolores del Río eran suficientes para que la gente abarrotara los cines. La frase de Luis Antonio García (Pedro Infante) en Los tres García (1947) cuando coquetea con una güera que supone es una gringa, es representativa de la idea de unidad continental planteada durante la guerra: “qué viva el panamericanismo y el acercamiento de las americanas”. 

     La cinta de Walt Disney, Los tres caballeros (1944) tuvo como fin alentar el panamericanismo. En sus tres personajes se reflejaba el contienente americano unido por la música y el baile. Pancho Pistolas, gallo de pelea, era representante de México y Centroamérica; Pepe Carioca, un perico, representa a Brasil y Sudamérica y el Pato Donald era el de Estados Unidos y Norteamérica. Solidaridad continental a través del cine.

     Por si fuera poco, en la cinta se escuchó la canción Solamente una vez, de Agustín Lara, interpretada en inglés. Por entonces la bbc retransmitía en Londres programas musicales que se escuchaban en la Ciudad de México; había gran interés en escuchar música mexicana. Glenn Miller y su orquesta tocaban para los soldados estadounidenses en Europa y en el sudeste asiático. El legendario trombonista declaró en una ocasión: “Alberto Domínguez es el melodista de la Guerra. A cada plaza a la que llego, los soldados me piden Perfidia”.

     La coyuntura internacional también permitió que la canción Bésame mucho”, se escuchara ampliamente en Londres durante la guerra y luego fuera traducida e interpretada en decenas de idiomas y versiones, alcanzando fama mundial. 

     Uno de los mayores éxitos musicales del periodo de la segunda guerra mundial fue la conga El apagón, compuesta por Manuel Esperón y Ernesto Cortázar. Toña la Negra la interpretó y se convirtió en símbolo de la época. Una vez que el país se declaró en estado de guerra, el gobierno organizó simulacros de bombardeo en la ciudad de México. A través de la radio se pedía a la sociedad que a cierta hora de la noche se apagaran todas las luces. Una avioneta sobrevolaba la capital para verificar que permaneciera en completa oscuridad. Luego de algunos minutos terminaba el simulacro y todo volvía a la normalidad. Si el simulacro sorprendía a la gente en la calle se le pedía que se resguardaran en el primer lugar que pudieran. El apagón cuenta la historia de una joven que al escuchar las sirenas del simulacro se refugia en un edificio. Aprovechando la oscuridad, un señor la abraza, se le arrima y la besa sin que ella ponga mucha resistencia. De pronto termina el simulacro, las luces se encienden y descubre que el cachondo señora ¡era su papá!”