La pareja del momento

Cine - Personajes

 

 “¿Qué harían los espectadores del sol si Agustín Lara decidiera no ir a las corridas de toros? ¿A quién le gritarían? –se preguntaba Josefina Vicens en su columna “Farolazos”, publicada en 1944- […] El domingo no dejaron un momento de reposo al músico – poeta. Al verlo sin su María Félix un soleado le preguntó: Agustín, ¿dónde dejaste a doña Bárbara? Y otro, comprendiendo la soledad del cadavérico compositor, le dijo: ¡Se sufre, hermano, se sufre!”.

La doña y el flaco se conocieron durante la filmación de una película en 1943. Él se prendó de ella desde su primera cita, justo al estrenarse la película Doña Bárbara. María no dudó en conquistar y dejarse conquistar por Agustín. Era admiradora del músico desde la adolescencia e incluso solía decirle a sus hermanas “algún día me voy a casar con ese señor que canta tan bonito”.

Rápidamente se convirtieron en la pareja del momento. La prensa y las revistas del corazón siguieron todos sus pasos: sus caminatas por las calles de Polanco, sus bailes en el Salón México y sus visitas cada domingo a la barrera de sol del Toreo de la Condesa.

Una mañana de 1943, el “Flaco de Oro”  hizo llegar a Casa de María un piano, acompañado de una tarjeta que decía: “en este piano tocaré mis más hermosas canciones para la mujer más hermosa del mundo”. Con ese regaló quedó formalizada su relación.

Se casaron en 1945, en una boda en la que se sirvieron “platos de faisán, setas, langosta, jamón de Westfalia, angulas y caviar a lo largo de un inmenso comedor”, según la versión que el compositor  le dictó a la periodista estadounidense June Kay para el libro Las siete vidas de Agustín Lara (1958).

María contaba una versión diferente y mucho más íntima de la boda, afirmaba que se trató de una cena a que asistieron unos cuantos.  Lo que sí es una seguridad, es que  ese día Agustín Lara le obsequió a la doña la canción “María Bonita”, que pronto se convirtió en un himno que era interpretado con reverencia por todos los músicos que encontraban a la actriz en el camino.

Fueron cuatro años de una relación llena de intensidad, berrinches y constantes escenas de celos por ambas partes.

Mientras estaba con su “María Bonita”, Lara sostuvo un romance con Raquel Díaz de León, quien fue testigo de cómo la actriz llegó al extremo de brincarse la barda de la casa de Polanco para encontrar al compositor infraganti.  Escondida en un closet, la joven amante pudo ver a la mujer más bella de México suplicando perdón de rodillas. “María, no quiero que hagas estas escenas”, le dijo “El Flaco”, la levantó del piso y la llevó a su casa.

Finalmente se separaron en 1947. Ella le empacó su ropa y se la mandó al camerino del Teatro Lírico. Eulalio Ferrer, amigo de la pareja, recuerda lo que María le dijo a Agustín en alguno de sus últimos encuentros: “nuestro pasado guárdalo en un estuche…, y dame las gracias por él”.