La nota roja

Aires libertarios - Vida Cotidiana

Los temas del famoso Diario de México (1805-1817) eran tan diversos que en sus páginas se podían encontrar desde reflexiones de orden moral hasta algo tan macabro como un ""modelo para convites de entierro"". Aunque no era muy común, no podía faltar la nota roja, descrita con elegante y correcta prosa.

El 14 de septiembre de 1807, el Diario comentaba un hecho que, casi dos siglos después, sería cosa de todos los días: ""Antes de anoche, cerca de las oraciones pasaba por la calle del Coliseo viejo una pobre indiezuela, vendiendo elotes, anunciándolos con el canto que acostumbran para semejantes vendimias. La infeliz fue sorprendida accidentalmente por un coche, cuyas mulas alborotadas, y el cochero tal vez ebrio, la atropellaron lastimosamente contra un poste de los que rodean la banqueta"".

El articulista se indignaba de que el cochero no se hubiera responsabilizado de la víctima y que ninguno de los vecinos saliera en auxilio de la pobre mujer, de ahí que su nota llevara el título de ""¡Que gentes hay tan inhumanas!"". Junto a la nota roja, cada volumen del Diario incluía un índice temático, con un tesoro de títulos originales, sugerentes y llamativos: ""Amistad. Antojos. Bando sobre papalotes. Calvos. Confianza vana. Duende, conjuro al. Edad notable. Fanfarrón. Inhumanidad. Lección a las señoritas. Marejada horrorosa. Novio, consulta de uno. Observaciones morales sobre la vida privada. Palos con el muerto. Quien perturba al siervo. Rayos. Sainete, crítica de uno. Vacuna, modo de conservar el pus, y muchos otros que otorgaban una guía general y despertaban indudablemente la curiosidad natural de los lectores"".

La inseguridad no tenía llamada en el índice temático. Cualquier delito debía buscarse por la forma como se había cometido. Y como la delincuencia en la capital novohispana era mínima, sólo de vez en cuando merecía un pequeño espacio en el periódico, sobre todo cuando el ingenio para cometer un delito era más notable que el objeto del mismo.

""Sabemos que andan dos hombres mal intencionados con el hábito de San Juan de Dios -denunciaba el Diario-, y las caras pintadas de blanco para asustar a las mujeres pusilánimes, haciéndose los muertos o fantasmas luego que llega la noche. Buscan sorprenderlas de esta manera, y llevarse lo que encuentran, mientras las infelices huyen preocupadas con el susto"". La vida cotidiana transcurrió sin mayores sobresaltos en la ciudad de México hasta 1808, año en que los acontecimientos políticos se vieron reflejados en la sociedad y el Diario de México dejó atrás la diversidad de temas para ocuparse de dos que comenzaban a arraigar en la conciencia social: libertad e independencia.