La noche saboteada: 1910

El Porfiriato - Hechos

Dos mil personas enardecidas por la represión policiaca avanzaron por la calle de San Francisco hasta la plaza de Armas. Frente a Palacio Nacional se atrevieron a gritar ""¡Muera el general Díaz""! y agraviados por el fraude electoral en las elecciones de junio, marcharon a casa del dictador en la calle de Cadena (Venustiano Carranza) para apedrearla.

El saldo: algunos cristales rotos y la indignación de la alta sociedad. Era el 11 de septiembre de 1910 y las fastuosas fiestas del Centenario parecían derrumbarse: varios delegados extranjeros habían sido testigos de la llamada pax porfiriana. Sin importar los últimos acontecimientos, el pueblo acudió al zócalo la noche del 15 de septiembre para celebrar el primer siglo del inicio de la independencia.

La plaza lucía como nunca antes: el jardín, la catedral, el Palacio Nacional, los portales se veían magníficamente iluminados. La música de los organilleros alegraba el ambiente y conforme transcurrían los minutos aumentaba la emoción de la gente que, esperaba ver al presidente dar el tradicional ""grito"".

Don Porfirio decidió tomar sus precauciones, ""era tal su terror, -escribió Madero a un correligionario- que no se atrevió a salir al balcón a dar el grito, sino que únicamente se contentó con sacar la bandera desde adentro del salón"". Y cuando se disponía a repetir la gloriosa escena de Hidalgo, sucedió lo inesperado: ""Al tocar la campana de la independencia el general Díaz, no sonó. Alguno que le quiso hacer una broma pesada, indudablemente algún simpatizante nuestro, amarró el badajo y por más que el general Díaz estuvo jalando de la cuerda, no logró que tocara"".

Como una maldición, a cien años del grito de Hidalgo, la campana que llamaba a ser libres a los mexicanos, callaba, mientras la revolución tocaba a las puertas de la historia.