La muerte de García Lorca

Literatura - Personajes

“En España los muertos están más vivos que en cualquier otro país del mundo”. Federico García Lorca

Poeta y dramaturgo, miembro de la “Generación del 27”, a Federico lo conocemos por sus Bodas de Sangre y lo reconocemos por las atrocidades dentro de la Casa de Bernarda Alba –su obra maestra-, que terminó de escribir pocos meses antes de morir en 1936.

       Un día, entre el 17 y el 19 de agosto, sin juicio previo, Federico del Sagrado Corazón de Jesús García Lorca fue fusilado junto a un olivo, en la carretera que une las localidades de Víznar y Alfacar de Granada; se le acusaba de ser espía de los rusos, socialista y homosexual. Tenía 38 años.

            El mundo ha vivido 80 años sin “Lorquito” -como cariñosamente lo llamaba Dalí-. A la fecha, no se sabe dónde está su cuerpo. Su vida y su muerte están llenas de misterios y facetas poco conocidas.

Amistad surrealista

“Tú eres una borrasca cristiana y necesitas de mi paganismo. Yo iré a buscarte para hacerte una cura de mar. Será invierno y encenderemos lumbre. Las pobres bestias estarán ateridas. Tú te acordarás que eres inventor de cosas maravillosas y viviremos juntos con una máquina de retratar”. Fragmento de una carta de Salvador Dalí, escrita para García Lorca, en 1928.

       El poeta andaluz mantuvo una relación muy cercana con Salvador Dalí. Se conocieron en 1922, en la residencia de Estudiantes de Madrid.

       Lorca estaba enamorado, le dedicó a Dalí una oda y muchas cartas. Dalí parecía estar mucho más interesado en el intercambio y la colaboración artística. El mismo pintor definió su relación como “un amor erótico y trágico, por el hecho de no poderlo compartir”(1986).  

       “Federiquito, en el libro tuyo […] te he visto a ti, la bestiecita que eres, bestiecita erótica, con tu sexo y tus pequeños ojos de tu cuerpo. […] Tu poesía se mueve dentro de la ilustración de los lugares comunes más estereotipados y más conformistas…”, fue la apreciación de Dalí con respecto al Romancero Gitano (1928). En respuesta a esta crítica, García Lorca escribió el poemario Un poeta en Nueva York, con un estilo poético muy distinto al que lo caracterizaba en su obra.

       Los dos artistas se distanciaron después de que Dalí filmara el famoso cortometraje Un perro andaluz, en colaboración con Luis Buñuel; hay quienes afirman que el nombre es una alusión burlona a García Lorca, quien no era la persona favorita de Buñuel. 

       La muerte de Lorca afectó mucho al genio de Cadaqués. En varios de sus cuadros, pintados en 1938, -Afgano invisible, Aparición de rostro y frutero y El enemigo sin fin- aparece el rostro de García Lorca.

       En los últimos días de Dalí, cuando ya pesaba 34 kilos y se negaba a comer, las únicas palabras que dijo –que pudieron comprenderse-, según testimonio de una de las enfermeras que lo atendía, fueron: “Mi amigo Lorca”.