La mano derecha. Mariano Matamoros

Aires libertarios - Hechos

A diferencia de los movimientos de independencia en otros territorios de la América Española, el de México tuvo una característica particular: fue encabezado por sacerdotes que se convirtieron en caudillos. Mariano Matamoros (1770-1814), siguió el mismo derrotero que Hidalgo y Morelos, atando su destino al del cura de Carácuaro para convertirse en uno de sus mejores lugartenientes entre 1811 y 1815.

Nacido el 14 de agosto de 1770 en la ciudad de México, Matamoros tuvo la fortuna de estudiar en el imperial Colegio de Santa Cruz de Tlatelolco que llegó a tener una de las bibliotecas más importantes de la Nueva España. Se tituló como bachiller en artes y teología pero conoció de cerca la desigualdad al ejercer su vida sacerdotal.

Simplemente por haber expresado su simpatía hacia el movimiento insurgente fue hecho prisionero pero logró escapar. Decidió entonces unirse a José María Morelos. Aquel encuentro se realizó en Izúcar. Sus dotes naturales para la guerra y la organización del movimiento, lo convirtieron rápidamente en el brazo derecho de Morelos.

Participó en varias campañas, en el sitio de Cuautla, en la toma de Oaxaca -donde se apoderó del convento de Santo Domingo-, derrotó a los realistas en San Agustín del Palmar y en Chiapas a las fuerzas de Manuel Dambrini, que venían de Guatemala. Gracias a su demostrada capacidad, Morelos lo nombró teniente general.

El 23 de diciembre de 1813, Matamoros acudió con sus tropas a Valladolid (hoy Morelia) con la intención de apoyar a Morelos, sin embargo, fueron derrotados por las tropas de Agustín de Iturbide y Ciriaco del Llano. El 4 de enero de 1814, en la batalla de Puruarán, Matamoros cayó en manos de los realistas.

""Los prisioneros hechos fueron fusilados en el mismo campo de batalla -escribió Alejandro Villaseñor en la obra Biografías de los héroes y caudillos de la independencia (1910)-, y sólo Matamoros fue conducido a Valladolid, engrillado, y sobre una mula aparejada, en Pátzcuaro se le puso a la expectación pública"".

Al enterarse de su captura, Morelos ofreció canjear 200 prisioneros a cambio de la vida del mejor de sus lugartenientes pero Iturbide rechazó la oferta. El 3 febrero de 1814, Matamoros fue fusilado. Sus restos fueron colocados provisionalmente en la capilla de los Terceros de San Francisco en Valladolid, en 1823 fueron trasladados a la catedral de la ciudad de México, primero en la capilla de San Felipe de Jesús y posteriormente en el altar de los Reyes. Un siglo después, los restos de Matamoros junto con los de los otros insurgentes fueron llevados al monumento a la Independencia, en donde permanecen desde entonces.