La llegada de una diva

La era liberal - Vida Cotidiana

Ni siquiera la entrada de los emperadores Maximiliano y Carlota, en mayo de 1864, causó tanto revuelo y furor, como la llegada de Ángela Peralta a la ciudad de México en noviembre de 1865.

El 20 de noviembre de 1865 la ciudad se volcó a las calles a recibir a la afamada actriz y cantante. Cientos de personas salieron hasta Mexicaltzingo para darle la bienvenida. En Iztapalapa dejó la diligencia y tomó una carretela tirada por cuatro caballos que la condujo a San Antonio Abad, donde se leyeron versos, se pronunciaron discursos y le fue ofrecida una corona por los alumnos de la Academia de San Carlos, mientras se escuchaban los acordes de las dianas y del Himno Nacional. Los vítores continuaron por las principales calles de la ciudad de México ante la emoción del ""ruiseñor mexicano"". Ni siquiera la recepción brindada a los emperadores el 12 de junio de 1864, había sido tan espontánea y multitudinaria.

Unos días después de su arribo a la capital, el martes 28 de noviembre, el Teatro Imperial -que no era otro que el Teatro Nacional-, registró un lleno casi sin precedentes para ver a la Peralta.  ""Incomparable resultó el éxito que tuvo su presentación de Sonámbula -refiere José María Álvarez-; los estruendosos y frenéticos aplausos duraron largo tiempo, mientras que el vasto salón se inundaba con una lluvia de versos, flores y coronas; el recuerdo de esa función perduraría por largo tiempo en quienes la vieron.""

El éxito del ""ruiseñor mexicano"" en la ciudad de México llegó hasta los campamentos republicanos que continuaban en pie de guerra contra el imperio. Ignacio Manuel Altamirano, combativo periodista y escritor liberal, criticó severamente que Ángela Peralta hubiese aceptado el nombramiento de ""cantarina de cámara"" con que la había favorecido Maximiliano y en la prensa libre que circulaba clandestinamente escribió ""que toda la frescura de los laureles que había traído de Europa se marchitaba triste y vergonzosamente ante la aceptación de ese nombramiento de una corte bufa y oprobiosa"".

A pesar de las críticas de quienes defendían a la República contra el imperio, el recuerdo de esa función perduraría por largo tiempo en quienes la vieron.