La guadalupana, personaje histórico

Datos Curiosos

Sandra Molina Arceo

Se dice que don Miguel Hidalgo tomó del Santuario de Atotonilco un óleo de la Virgen de Guadalupe, la desprendió de un marco, la colocó en un asta y se presentó enarbolándola ante su gente al grito de: “¡Viva nuestra Madre Santísima de Guadalupe! ¡Viva Fernando VII! ¡Viva la América!" Otras versiones señalan que ya tenía pensado hacerlo y por eso se dirigió a Atotonilco, a sabiendas del efecto que causaba la virgen entre el pueblo.

          Sin embargo, Luis Castillo Ledón en su libro Hidalgo. La vida del héroe, narra que en el trayecto hacia San Miguel el grande, Hidalgo, Allende y sus hombres se detuvieron en Atotonilco para tomar un descanso, mientras ellos tomaban chocolate dentro de la casa cural, un tremendo griterío los interrumpió, al salir vieron que la multitud se mostraba eufórica ante la imagen de la virgen de Guadalupe que un hombre de la tropa había colocado en un palo de tendedero. Hidalgo reconoció entonces las ventajas de tomar aquella bandera improvisada y convertirla en el estandarte del movimiento.

          Si los insurgentes tenían a la guadalupana de su lado, los españoles buscaron el apoyo de la virgen de los Remedios. Al fin y al cabo, los  siempre habían recurrido a ella frente a las calamidades. Durante siglos, en grandes procesiones, su imagen recorrió la calzada México-Tacuba para proteger al pueblo de epidemias, inundaciones o temblores.

          El marcado favoritismo de las autoridades civiles y eclesiásticas por la Señora de los Remedios originó una franca rivalidad con los devotos de la Guadalupana: “El espíritu de partido que reina entre los criollos y los gachupines –escribió Alejandro von Humboldt- da un matiz particular a la devoción. La gente común, criolla e india, ve con sentimiento que, en las épocas de grandes sequedades, el arzobispo haga traer con preferencia a México la imagen de la Virgen de los Remedios.

           De ahí aquel proverbio que tan bien caracteriza el odio mutuo de las castas: hasta el agua nos debe venir de la gachupina. Como era de esperarse, la guerra de independencia las enfrentó de una manera absurda, porque las dos eran advocaciones de una misma: la madre de dios, sin embargo, al final se impuso la guadalupana.