La biblioteca del Colegio Imperial de Tlaltelolco

Literatura - Instituciones

Manuel Cosío Durán

El Colegio Imperial de Santa Cruz de Tlatelolco fue establecido en 1536 por iniciativa de Fray Juan de Zumárraga, con la misión de brindar instrucción superior a los indígenas de familias nobles. La intención era crear un núcleo social indígena instruido en lenguas, ciencias y artes, y la creación de un clero indígena con acceso a la ordenación sacerdotal. Una vez aprobado por la corona española, el Colegio recibió a sesenta alumnos jóvenes de entre diez y doce años, estudiantes distinguidos del Colegio de San Francisco.

Zumárraga donó varios volúmenes de su biblioteca particular que dieron origen a la biblioteca del Colegio Imperial. La colección se componía de obras clásicas de autores griegos y romanos, como Aristóteles, Plutarco, Livio, Cicerón y Boecio; libros de carácter religioso como la Biblia, las obras de San Agustín y de Santo Tomás de Aquino y obras de humanistas del renacimiento como Juan Luis Vives, Erasmo de Rotterdam, y Lebrija; libros impresos en México, entre ellos la Doctrina de Zumárraga y el Vocabulario en lengua castellana y mexicana de Alonso de Molina. Un total de 74 volúmenes para uso de los estudiantes.

Las imprentas establecidas en México -cuya imprenta fue la primera del continente- como la de Juan Pablos, contribuyeron al crecimiento de la biblioteca al imprimir obras de los estudiosos del Colegio. Pronto, se incorporaron libros escritos en náhuatl, otomí, purépecha y maya. Se calcula que al final de la vida del Colegio, la biblioteca contaba con cerca de 400 volúmenes.

A medidados del siglo XVII, el Colegio entró en decadencia y su biblioteca fue trasladada al contiguo convento de Santiago Tlatelolco, donde permaneció abandonada hasta 1834. Tiempo después lo que restaba de la colección fue enviada al convento de San Francisco. Muchos de los libros fueron adquiridos por bibliófilos y coleccionistas, entre ellos Joaquín García Icazbalzeta y la librería de Francisco Abadiano de la ciudad de México.

A la muerte de Abadiano, su hijo puso en venta la colección. En 1889, Adolph Sutro, bibliófilo americano, compró los libros de Abadiano y los llevó a la ciudad de San Francisco, en donde planeaba construir una gran biblioteca para albergar colección. El millonario murió en 1898 sin haber realizado su sueño, pero sus herederos se dieron a la tarea de realizar el proyecto.

En abril de 1906, San Francisco fue atacada por un terremoto de 7.8 grados que la destruyó casi por completo. Las fugas de gas produjeron un incendio que destruyó dos edificios que resguardan la colección de Adolph Sutro: alrededor de 125,000 libros, manuscritos y documentos fueron reducidos a cenizas.

Un edificio de la calle Montgomery, que abrigaba alrededor de 70,000 volúmenes de la colección de Sutro, se salvó milagrosamente y con él, parte de nuestro patrimonio cultural. La familia Sutro convenció a las autoridades del estado de buscar un recinto definitivo para los restos de la colección. En 1917, abrió sus puertas al público la Biblioteca Sutro.