La banda del automóvil gris

La revolución - Vida Cotidiana

El recurso para cometer sus crímenes era muy novedoso. Utilizaban uniformes de policía militar, se presentaban con órdenes de cateo falsas e ingresaban a domicilios y comercios que rápidamente saqueaban. Con el botín en sus manos se subían en su tradicional vehículo  y huían a toda prisa para perderse en alguno de los barrios pobres de la ciudad de México. Era el año de 1915 y la gente comenzó a temerle a la terrible banda del automóvil gris.

Los tiempos eran propicios para la delincuencia. Con las diversas ocupaciones militares de que fue objeto la capital del país durante la revolución, la eficiente seguridad pública del porfiriato había desaparecido. Con sus poco más de 700 mil habitantes, la ciudad de México era víctima de los cateos autorizados por el gobierno para buscar armas y enemigos; de ahí que la banda del Automóvil Gris aprovechara la situación para organizar sus golpes.

Durante algunos meses la famosa banda dirigida por Higinio Granda sembró el terror en la capital de la república. Además del robo, pusieron de moda el secuestro. La gente sospechaba que algunos generales carrancistas estaban involucrados con el crimen organizado. El rumor tenía sus fundamentos. Cuando entraron por vez primera a la capital, los constitucionalistas saquearon de tal forma las casas y comercios que pronto fueron conocidos como ""carranclanes"" o ""consusuñaslistas"" y el verbo robar encontró rápidamente un sinónimo ""carrancear"".

A nadie sorprendió que las órdenes de cateo con que operaba la banda del Automóvil Gris estuvieran firmadas por el general Pablo González -lugarteniente de Carranza-. El escándalo era tan evidente, que en la carta abierta que Zapata le escribió a Carranza en 1916 acusó a sus hombres: ""Esa soldadesca... lleva su audacia hasta constituir temibles bandas de malhechores que allanan las ricas moradas y organizan la industria del robo a la alta escuela, como lo ha hecho ya la célebre mafia del ‘automóvil gris’, cuyas feroces hazañas permanecen impunes hasta la fecha, por ser directores y principales cómplices personas allegadas a usted o de prominente posición en el ejército"".

Curiosamente cuando la opinión pública ejercía mayor presión sobre Pablo González -gobernador del Distrito Federal- la policía capturó de inmediato a la temible banda, y aunque el jefe, Higinio Granda logró escapar, algunos de sus miembros fueron fusilados y a otros fueron perdonados por el propio general González. La impunidad y la corrupción, sin embargo, se habían apoderado de la revolución mexicana.