Juego de niños

Aires libertarios - Vida Cotidiana

La medida pudo ser de funestas consecuencias y provocar un éxodo, un motín o hasta una rebelión de infantes. Ni las excesivas reformas borbónicas habían sacudido tanto a la Nueva España. Los adultos comprendieron las bondades del bando, pero ante la atónita e inocente mirada de los niños, el virrey, marqués de Branciforte, era la viva imagen del terrible Herodes.

Con el corazón oprimido, los padres observaron a sus hijos, derramar lágrimas cuando les fue comunicada la orden del virrey: ""...prohibo absolutamente la diversión de volar papalotes y encargo estrechamente a los jueces mayores celen y vigilen sobre la observancia de esta prohibición"".

El 21 de noviembre de 1797 pasaría a la historia como un día negro en la memoria infantil. Pero bien visto el caso, el marqués tenía sus razones de peso para tomar semejante medida:

""Las desgracias experimentadas en esa capital a resultas del pueril entretenimiento de los papalotes y del descuido de los padres de familia en no precaverlas, impidiendo la subida de los niños y jóvenes a las azoteas, se han repetido en éstos últimos días con demasiado sentimiento mío, viendo la pérdida de unas personas que podrían ser útiles al Estado, y el triste dolor de sus familias privadas de sus esperanzas, por el necio consentimiento de una diversión tan frívola como arriesgada"".

A últimas fechas, las azoteas de la ciudad de los palacios habían sido invadidas por las vistosas cometas que alegraban el cielo azul del Valle de México, pero ponían en riesgo la seguridad de los infantes, quienes emocionados por el espectáculo solían tropezar con los tejados para concluir su diversión con un hueso roto, o seguir jugando pero en el otro mundo. La orden fue acatada de inmediato, sobre todo en las ""casas de vecindad"" donde las palomillas de muchachos competían con sus papalotes. En poco tiempo el cielo de la capital novohispana gozó nuevamente de su soledad y las cometas tomaron los llanos.