Joaquín Pardavé: “Varita bonita, cortada al amanecer”

Cine - Personajes

El nacimiento y muerte de Joaquín Pardavé Arce, a la fecha, siguen siendo un misterio. Algunos coinciden que su primera luz la vio en 1900 en Pénjamo, Guanajuato, aunque no existe documento probatorio que lo asegure. Igualmente se rumora que nació durante una gira de la compañía teatral en que actuaban sus padres, de quien por cierto, heredó sus dotes artísticas.

Inició su carrera en la farándula a la edad de 4 años. Con naturaleza sin igual, bailaba, cantaba, actuaba y componía. De la escuela ni hablar, todo su aprendizaje estuvo en los tendajones y carpas en que se presentaba.

Entre 1915 y 1918 se estableció en Monterrey. Las actuaciones pasaron a ser ocasionales y más bien se dedicó al empleo de telegrafista ferrocarrilero en la estación de Paredón. Muy pronto abandonó el oficio, pero lo que nunca dejó de lado fue su vena de compositor. Justo en ese tiempo compuso lo que se convertiría en su primer éxito: Carmen.

Volvió a las andadas de carpero y para mediados de los años veinte se instaló en la ciudad de México, como parte del elenco de la compañía de zarzuela de su tío. Y aunque comenzó a destacar como personaje de relleno en los sketches, su verdadero triunfo llegó al hacer pareja con el consagrado Roberto “panzón” Panseco.

De Pardavé se podrían llenar centenares de páginas, sobre todo de su paso por el cine (casi un centenar de pelícilas). Basta recordar sus emblemáticos personajes de don Susanito Peñafiel y Somellera y el Baisano Jalil. Sin embargo, poco se sabe de su inclinación por la música, la composición y la bohemia (entre sus composiciones destacaron: No hagas llorar a esa mujer, Negra consentida, la Panchita, Aburrido me voy, Bésame en la boca.

Para 1928, Pardavé ya era un éxito por su composición Varita de nardo. Y sobre ello existe una anécdota formidable.

Ya como figura, un día regresó a Monterrey para encontrar a los antiguos amigos, quienes ante el encuentro lo invitaron a degustar la copa.

En la cantina el viejo don Nico tocaba el piano para deleite de los parroquianos. Se dice que siempre estaba al día para interpretar los éxitos del momento.

No se “tapo”, inmediatamente tocó varita de nardo, ante el algarabío de los cuates de Pardavé. El éxtasis llegó a tal grado que lo invitaron a la mesa para presentarle al autor de tan memorable tema:

“Véngase don Nico, tome una copa con nosotros. El bohemio acepó encantado y cuando ya formaba parte del grupo uno de los ferrocarrileros le dice: Don Nico, le voy a presentar al autor de la canción que acaba usted de tocar. Mucho gusto… y muchas gracias por tocar mi canción, dice Pardavé extendiendo la mano. Pero don Nico se le queda viendo de los pies a la cabeza con asombro. Si, don Nico, intercede otro compañero, este es Joaquín Pardavé. .. El pianista continúa mirando al compositor, y después de un detenido examen, casi con rabia le dijo: ¡Ni Varita de Nardo. Ni Joaquín Pardavé, ni nada, Joaquín Pardavé es mi amigo. Usted es puro desgraciado…!”

Como dije al principio, tanto el nacimiento como la muerte de Pardavé son un misterio. El 20 de julio de 1955 murió uno de los más grandes comediantes mexicanos. La versión oficial dice que falleció por un derrame cerebral.

Sin embargo, la vox populi comenta tres situaciones que ponen en duda la verdadera razón de la muerte. La primera, Pardavé sufría de ataques catalépticos y fue enterrado vivo, pues su médico de cabecera no se encontraba en México para corroborar el deceso.

Al llegar a la ciudad, el galeno pidió la inmediata exhumación del cadáver, asegurando que al realizar el proceso se encontró la tela del ataúd hecha jirones, a Pardavé volteado y con los dedos engarrotados y sangrantes, quizá, intentando escapar de su sepulcro.

Una segunda versión, asegura que la exhumación, fue producto de que Pardavé fue enterrado con su testamento en el bolsillo de su saco. Y la tercera, por demás tenebrosa, que lo habían enterrado con un billete de lotería el cual había salido premiado.

Aunque los parientes intentaron desmentir los hechos, lo importante es que con la muerte de Pardavé, México perdió no sólo un referente de la actuación del siglo XX, sino también, con su pérdida, terminó una época, que con el tiempo ha sido muy difícil de llenar.