Jesús Silva Herzog, la economía como estrategia de reconstrucción

La estabilidad - Personajes

La figura del economista Jesús Silva Herzog (San Luis Potosí, 1892 - Ciudad de México, 1985) es, en sí misma, una institución cultural de México contemporáneo. El análisis de su extensa obra podría ocupar miles de páginas, pero además de ser un agudo pensador de la realidad económica, política y social fue un personaje clave en la construcción de instituciones, la elaboración de planes estratégicos para el país y la búsqueda de un camino de justicia social.

Su infancia y juventud estuvo marcada por una deficiencia visual que lo obligó a esforzarse doblemente en sus estudios. Sin embargo en todo momento mostró gran compromiso con el saber, y desde joven ejerció el periodismo; posteriormente, durante los años aciagos de la Revolución Mexicana se involucró con las fuerzas revolucionarias de Eulalio Gutiérrez, quien fuera designado presidente provisional de la República por las fuerzas convencionistas en 1914. El acontecer del país en este conflictivo periodo de la historia nacional impulsó el ímpetu de Silva Herzog y de una generación interesada en la reconstrucción del país, que dirigió hacia esta labor todos sus esfuerzos.

Jesús Silva Herzog se adentró en la labor intelectual cuando en el país apenas se apaciguaban los ánimos y el caos de la lucha armada. En 1917 fundó la revista Proteo, y desde ese momento sus escritos fueron un registro analítico puntual del acontecer político y económico mexicano. Escribió sobre diversos temas, por mencionar sólo algunos su obra trató a la Revolución Mexicana, la expropiación de las empresas extranjeras, la reforma agraria, el porfiriato, teorías económicas, filosofía y pensamiento social.

También se preocupó por la consolidación de la investigación en el área económica, por lo que participó en la fundación del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM en 1929 y del Fondo de Cultura Económica en 1934. Desde su perspectiva, la economía debía contribuir con la resolución de problemas además de otorgar programas puntuales para consolidar el progreso del país, pues en ello radicaba su sentido y aplicación. El progreso, según Silva Herzog, significaba un avance ético e incluyente, en donde las condiciones propias del país tuvieran un contexto favorable para su desarrollo amplio.

Por eso Jesús Silva Herzog manifestó un ideario nacionalista, indigenista, antiimperialista y modernizador de la economía; de acuerdo con las ideas de la época, que eran propias de su generación, concibió un esquema organizado bajo la prioridad de mejorar las condiciones de vida de la mayoría de la población, capaz de dotar al país de la anhelada modernidad pero sin trastocar las condiciones históricas propias. Su propuesta se consolidó en una de las decisiones más audaces de la historia económica del país: la expropiación petrolera en 1938.

Sin fiarse del todo de los políticos para resolver los problemas del país, en su obra dirigió una crítica constante hacia el gobierno posrevolucionario porque desde su perspectiva el poder era un corruptor potencial, y todos los seres humanos se debilitaban ante él. Por eso se asumió a sí mismo como un colaborador del gobierno desde la Academia, y bajo esta idea sirvió al país como sub secretario de Hacienda y Crédito Público entre 1945 y 1946. Su labor como investigador la desarrolló en la UNAM, en la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, el Colegio Nacional y la Academia Mexicana de la Lengua.

Jesús Silva Herzog fue nombrado profesor emérito de la UNAM y recibió el Premio Nacional Ciencias y Artes, categoría Historia, Ciencias Sociales y Filosofía en 1962. También el Senado de la República le otorgó la Medalla Belisario Domínguez en 1983. Su extensa obra es ejemplo del alto nivel alcanzado por la Academia Mexicana en el siglo XX, y su pensamiento no pierde vigencia porque es, al mismo tiempo, un testimonio y una detallada explicación histórica, cultural, económica y social de la construcción del México moderno.