Iturbide repudiado

La época de la anarquía - Hechos

Los gobiernos emanados de la revolución no podían ser menos que el de Porfirio Díaz. Al menos así lo consideró la administración del general Álvaro Obregón en 1921.

En septiembre se conmemoraba el primer centenario de la consumación de la Independencia y con todo y la crisis económica que asolaba al país -producto de la revolución- decidieron organizar magnos festejos para recordar fecha tan importante.

Parecía extraño que un gobierno liberal y jacobino como el revolucionario rindiera tributo al acontecimiento que marcó el inicio del México independiente -27 de septiembre de 1821. Más desconcertante aun, resultaba que los revolucionarios presentaran honores a la memoria del reaccionario libertador Agustín de Iturbide.

Con todo, las celebraciones se llevaron a cabo con el apoyo de la sociedad, pero sin mucho lucimiento. Nada comparable a las realizadas en 1910. En medio del ambiente festivo uno de los profesores de la Escuela nacional preparatoria creyó efectivamente que había llegado el momento de la reconciliación con la historia ""reaccionaria"" y en uso de su libertad dio un discurso en favor de Iturbide.

Las garras de la intolerancia revolucionaria no se hicieron esperar sorpresivamente a través del ministro más brillante del obregonismo: José Vasconcelos.

""Habiendo tenido conocimiento de una conferencia dada por el C. Profesor don Antonio Ramos Pedrueza en la cual con criterio partidista se hizo la censura de todos los actos de la Revolución a la vez que el elogio de una de las figuras más dudosas de nuestra historia, figura que siempre ha servido de bandera a la reacción, la del llamado Emperador Agustín de Iturbide; he de merecer a usted se sirva participar al profesor su cese inmediato"".

Nadie podía dar crédito al memorándum enviado por el rector de la Universidad, en conciencia Vasconcelos creía en la democracia y la libertad, y sin embargo, por un momento encarnó a los principios intolerantes de la revolución mexicana: ""Este gobierno es republicano y no predicará en sus cátedras más que las teorías republicanas, por lo mismo no consentirá que se corrompa el criterio de los alumnos con la pretendida justificación de los hombres que siempre han sido un obstáculo para el progreso de nuestro país. No puede, por lo mismo, esta Universidad, patrocinar elogios a favor del autor del primer cuartelazo de nuestra Historia"".

El tiempo demostró que las fiestas del centenario habían sido una farsa, e Iturbide fue condenado a permanecer en el infierno cívico de la historia nacional.