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La revolución - Documentos

Confinado en San Luis Potosí, Madero intentó por todos los medios legales, la anulación de las elecciones, sin embargo, el Congreso ratificó el triunfo de Porfirio Díaz. 

En los primeros días de octubre de 1910, Madero se fugó de la ciudad y logró llegar a San Antonio Texas. Había optado por seguir el camino de las armas. Una vez instalado comenzó a presidir diversas reuniones con los otros exiliados. Los principales líderes de los movimientos locales lo acompañaban en el destierro: Juan Sánchez Azcona, Federico González Garza, Gustavo Madero, Camilo Arriaga, Roque Estrada, Luis Aguirre Benavides, Aquiles Serdán, entre muchos otros. 

El cuartel general de los futuros revolucionarios se estableció en la casa Hutchins, donde se había instalado Madero con algunos de sus familiares. Durante las siguientes semanas fue el centro de operaciones. 

Cada exiliado tenía sus propias responsabilidades. Madero se encargaba de la compra y transporte de armas, otros planeaban la estrategia militar, algunos más escribían artículos para la prensa local tratando de justificar el movimiento que estaba por iniciar. 

Entre el 20 y el 23 de octubre de 1910, Madero, Sánchez Azcona, Federico González Garza, Enrique Bordes Mangel y Roque Estrada se reunieron para darle forma a la idea revolucionaria. De las extenuantes sesiones nació un borrador de documento que fue discutido varios días más. 

Algunos maderistas señalaban que el documento debía contener reformas, un proyecto político integral y algunas iniciativas de leyes, que antes de iniciar la revolución se planteara un programa de gobierno. Sin embargo, durante la última sesión y para evitar mayor pérdida de tiempo, Madero fue muy claro: ""Este no es un cuerpo de leyes, simplemente es un llamado a las armas; las reformas se realizarán a través del Congreso de la Unión"".

 La noche del 26 al 27 de octubre Madero aprobó la versión definitiva del plan revolucionario. A las dos de la mañana, Sánchez Azcona y Bordes Mangel salieron de la casa Hutchins con el documento en mano rumbo a la imprenta del Alamo donde ya los esperaba Paulino Martínez. Ellos mismos se encargaron de la impresión. 

El documento se dio a conocer con el nombre de Plan de San Luis. En sus líneas quedó establecido que todos los mexicanos debían tomar las armas a partir de las 6 de la tarde del domingo 20 de noviembre de 1910. Comenzó de inmediato la distribución y los preparativos finales. Cada uno de los exiliados debía regresar a su lugar de origen a informar a otros correligionarios lo que había dispuesto la junta revolucionaria en San Antonio. En las siguientes semanas, el plan fue distribuido por todo el país de manera clandestina. Ya nadie podía detener al movimiento armado.