La huelga textil de Río Blanco en 1907

El Porfiriato - Hechos

La mañana del 7 de enero de 1907 un importante número de trabajadores de la industria textil encabezó un motín en la fábrica de Río Blanco en Orizaba, Veracruz. La acción militar para contener la manifestación fue muy violenta y arrojó una gran cantidad de muertos y heridos; además se enmarcó en el proceso de decadencia del régimen de Porfirio Díaz y se considera uno de los episodios más trascendentes de la lucha obrera en nuestro país.

En aquél momento la industria textil en México era una actividad económica boyante, pero los obreros padecían condiciones de trabajo muy desfavorables: salarios muy bajos, jornadas de hasta dieciséis horas sin tiempo razonable para comer, trabajo infantil y la prohibición de la organización obrera. Esta situación había sido compartida durante mucho tiempo por los trabajadores de diversas industrias, por lo que entre 1881 a 1895 tuvieron lugar numerosos conflictos obrero-patronales. Sin embargo hacia finales del periodo de Díaz los problemas se agudizaron, y entre 1905 y 1907 se alcanzó el punto máximo de huelgas registradas en el país.

En 1906 obreros textiles de las fábricas de La Hormiga, San Antonio Abad y Santa Rosa en la ciudad de México se habían declarado en huelga y consiguieron algunas mejoras en sus condiciones de trabajo. En diciembre del mismo año más de 500 trabajadores de Puebla también buscaron alcanzar derechos laborales y se reunieron dando lugar a una gran movilización en la que participaron más de 6 000 obreros poblanos y 800 provenientes de Tlaxcala. Aunque los trabajadores les pidieron al presidente y al arzobispo de Puebla que fueran mediadores para resolver el conflicto, ambos se rehusaron a intervenir.

La organización de los trabajadores de diversos puntos del país a través del Círculo de Obreros Libres posibilitó la unión gremial, y los obreros de otras fábricas donaron víveres y una parte de su salario para apoyar a los que estaban en huelga. La respuesta de los propietarios de algunas fábricas de Veracruz, Distrito Federal, Estado de México, Querétaro y Guadalajara fue suspender labores dejando sin trabajo a unos 25 000 obreros, lo que agravó la situación. Fue entonces que los líderes obreros lograron entrevistarse con el presidente Díaz y el vicepresidente Ramón Corral en una reunión que duró dos horas y media. Aunque el panorama era alentador pues los industriales manifestaron que estaban dispuestos a modificar las condiciones de trabajo, en los primeros días de enero de 1907 ya eran 93 las fábricas paralizadas y el descontento de trabajadores y patrones iba en aumento.

El 4 de enero la prensa publicó que se había llegado a un acuerdo, y se dieron a conocer las nuevas prerrogativas que, tras ser aprobadas, disminuirían la jornada laboral, reglamentarían los tiempos de comida y descansos y prohibirían el trabajo de niños menores de 7 años de edad. Con ello se anunció que para el día 7 de enero todas las fábricas podrían reanudar sus labores, pero surgieron discrepancias entre los obreros y en una reunión celebrada en el Teatro Gorostiza de Orizaba el 6 de enero, muchos trabajadores consideraron que las modificaciones planteadas no eran suficientes y se rehusaron a dar por terminada la huelga.

La mañana del 7 de enero algunos obreros se presentaron a trabajar en la fábrica de Río Blanco, pero otros quisieron evitarlo y se amotinaron, intentaron prenderle fuego al inmueble, liberaron a algunos presos de la cárcel y cortaron algunos cables de energía eléctrica. Los policías rurales intervinieron y la violencia se extendió hacia la ciudad de Orizaba donde algunos negocios fueron saqueados. Al día siguiente más de 800 infantes, 60 rurales y 150 policías resguardaron la ciudad con lo que algunos obreros volvieron al trabajo y la situación se fue normalizando paulatinamente.

Aunque muchos obreros intentaron escapar, se ha calculado que entre el 7 y el 9 de diciembre más de 400 trabajadores fueron aprehendidos y unos 200 fueron fusilados. También se fusiló a diez militares acusados de haber apoyado a los amotinados, y hacia finales del mes de enero se aprehendió a unas 118 personas más por participar en los saqueos. A pesar del terrible saldo, en abril el presidente Díaz le informó al Congreso de la Unión que el caso se resolvió con prontitud y energía, y que el gobierno cumplió con su responsabilidad de mantener el orden público.

Tras la sangrienta represión de Río Blanco, entre 1907 y 1910 volvieron a suscitarse algunos conflictos obrero-patronales. Sin embargo la actitud intransigente de las autoridades hacia cualquier disturbio inhibió la organización laboral, aunque el descontento del sector obrero creció y se sumó a la crisis generalizada de los últimos años del régimen de Díaz. La revolución mexicana, poco tiempo después, modificaría por completo el panorama del país en todos los ámbitos, y los trabajadores fueron actores imprescindibles de este proceso histórico.