Graffiti cortesiano

El siglo de la conquista - Vida Cotidiana

Don Hernando no puso reparo alguno a la destrucción de Tenochtitlan; tampoco le molestaron ciertos excesos cometidos por sus compañeros. Lo que verdaderamente llegó a ofuscarlo fue el vandalismo de sus hombres; detestaba verlos ""sacar el cobre"" buscando llenar sus bolsillos con el oro indígena.

Cortés designó Coyoacán como lugar temporal de residencia en tanto no concluyeran los trabajos de limpieza de la destruida capital azteca y en su ""amada villa"" repartió el botín de guerra. Ávidos de riqueza, sus hombres creyeron que ""les tocarían montones de oro; pero se engañaron; muchos no sacaron ni para pagar las deudas contraídas con los mercaderes"".

Pronto comenzó a correr el rumor de que Cortés había guardado para sí, la mayor parte del tesoro de Moctezuma, pero como nadie era capaz de reclamarle, los agraviados encontraron el medio para protestar: ""escribían por la noche, con carbón, en las encaladas paredes de la casa del conquistador"".

Por la mañana, Cortés encontraba su propiedad pintada y ordenaba cubrirla de cal nuevamente. Al anochecer se repetía la escena y aparecían nuevas frases lacerantes: ""¡Oh que triste está la anima mea hasta que todo el oro que tiene tomado Cortés y escondido lo vea"". Cansado de las falaces acusaciones, Cortés escribió en su propio muro: ""¡Pared blanca, papel de necios!"", creyendo que con eso sería suficiente; pero la respuesta fue  ingeniosa: ""Y aun de sabios y verdades"".

Don Hernando, optó por el camino de su bien ganada autoridad y amenazó con severas penas a quien pintara nuevamente los muros de su caserío dando por concluido el problema. Para desgracia de las paredes mexicanas, el graffiti cortesiano sobrevivió al paso de los siglos.