Gonzalo N. Santos, al tigre por derecho

La época de las crisis - Hechos

Cuando el periódico publicó la noticia de la candidatura a la presidencia de la república del licenciado José López Portillo, lo refirieron como el mejor hombre de la Revolución. El general potosino Gonzalo N. Santos comentó al respecto: ""este cabrón puede, efectivamente, ser el mejor hombre de México, o el que mejor toreó al loco de Echeverría, pero no el mejor hombre de la Revolución. Su bisabuelo fue comisario del Imperio de Maximiliano; su abuelo, cacique de Jalisco con don Porfirio y después Ministro de Relaciones con Victoriano Huerta y su padre coronel huertista. ¿En qué sobremesa familiar escuchó hablar bien de la Revolución?

La verdad sea dicha, Santos no veía con buenos ojos a López Portillo para ocupar la Primera Magistratura del país, y no por otra razón, sino porque no había sido su gallo, su tapado por el que apostó. Él había señalado al licenciado Hugo Cervantes del Río, pero perdió la ""carambola"".

Sin embargo, la demagogia histórica señala que aún así, y pese a las diferencias políticas, López Portillo escribió a Santos para que lo acompañara por su gira como candidato por la Huasteca potosina. La carta oficial del 2 de abril de 1976 señalaba: ""como estimo que su contribución personal ha sido importante para el desarrollo y prestigio de dicha entidad, me sentiría muy honrado en contar con su compañía en esta jornada cívica"".

Cinco días después Santos le respondió: ""Estimado sr. Licenciado, es alto honor que usted me hace con esta invitación, pero estoy en la actualidad padeciendo un agudo ataque de lumbo sacra, que me ocasiona intensos dolores y no me creo apto para acompañarlo"". Explicaciones más o menos, lo desairó.Coincidentemente y ya como presidente del país, López Portillo ordenó la expropiación del rancho el Gargaleote, propiedad de Santos.

Años después, López Portillo apuntó en sus memorias: ""La ostentación de sistemas amañados, de tenencia amañados y que encubrían latifundios de gente afín al régimen y, en algún caso, hasta amigos, era una vergüenza. Como Presidente y sin compromisos, ordené la afectación de uno de los más alentadores símbolos de la incongruencia"".

Dos meses después de la afectación Santos murió víctima de un derrame cerebral. Los ajenos dicen que murió de coraje, los que saben afirman que como consecuencia de un mal de años que lo aquejaba.

Como epílogo de sus Memorias, Gastón, su hijo, dice que al ""tigre le entraron por derecho, cuando ya estaba viejo y escopeteado. Papá vivió hasta los 83; vestía como un dandy a la moda; se perfumaba, como Obregón; no fumaba, gran bebedor de whisky y rendía homenaje a la cocina huasteca"".

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